Pongámonos manos a la obra

José María Gruber
| 06.09.2014

Hay quien está basando toda su estrategia sobre el hecho de que vivimos un momento de auténtica emergencia social. Que se nos ha abierto una puerta. Y que no podemos dejar pasar la oportunidad de atravesarla.

Nadie niega que el panorama político está revuelto y que los partidos tradicionales buscan, a toda costa, no perder comba. Y que los minoritarios de izquierda sólo hablan de unidad. Es cierto que se nos presenta la mejor ocasión, desde hace mucho tiempo, para quienes estamos empeñados en cambiar profundamente las cosas. Pero, de ahí, a que sea esta la única y última oportunidad para intentarlo, va mucho trecho. Y, más aún, si lo que pretendemos es ganar la guerra y no sólo alguna batalla.

No quiere esto decir que no podamos contemplar el panorama con ilusión, porque una oportunidad como la actual, la mayoría ni la ha vivido ni siquiera ha soñado con encontrársela. Pero la ilusión no basta para cambiar las cosas.

Una mayoría de gente repite que la política tradicional no sirve paras solucionar los problemas que tenemos, y reniega de que los partidos mayoritarios y los sindicatos oficiales se empeñen en que su situación de privilegio no cambie. Y no es que esos partidos y sindicatos sirvan o no, sino que es su forma de hacer política la que no sirve, fundamentalmente, por una cosa, y es que la gente no confía en ellos.

Y, por eso, se han puesto en marcha cantidad de movimientos, con objetivos concretos, distintos, pero con un denominador común: la gente busca solución a sus problemas por ella misma, la busca directamente, sin esperar a que nadie se la consiga y, menos aún, que lo hagan quienes, hasta ahora, prometían y prometían, y decían estar ahí para, precisamente, encontrar esas soluciones y que, sin embargo, no han hecho nada por conseguirlo.

Desconfianza en la política de las promesas y la palabrería, ilusión, y protagonismo de la gente, son, sumados, los elementos que conforman la situación actual, que podemos calificar de oportunidad, grande o pequeña (aunque no la última), y que no podemos permitirnos el lujo de dejar pasar.

Pero también, dentro de este panorama, corremos el peligro de sustituir una palabrería por otra. Y, por eso, debemos exigir y exigirnos la mayor coherencia posible, de forma que no nos engañen, no nos engañemos, y no engañemos a nadie, y echemos por tierra la ilusión y la esperanza despertadas en tanta gente. Es el momento de demostrar, con hechos, la verdad de nuestras palabras.

Decía, hace unos días, que debíamos ponernos en marcha ya. Que las próximas elecciones son una oportunidad para avanzar por nuevos derroteros, para organizarnos, y para sumar amplias mayorías, algo con lo que muchos decimos estar de acuerdo. Pues ha llegado la hora de hacer propuestas concretas.

Me centro en Torrelavega porque, en este municipio, existe una larga trayectoria de movimientos alternativos y de iniciativas electorales populares, y porque puede servir de paradigma, en Cantabria y en otros puntos del país, para ese movimiento de unidad que todos decimos querer poner en marcha. Existe en Torrelavega un movimiento municipalista popular e independiente, contamos con un movimiento obrero de rica y larga historia, existe sindicalismo combativo, existe movimiento vecinal de probada experiencia en luchas y trabajo, existe tradición de movimientos sociales de todo tipo... hay madera para construir ese bloque amplio, necesario para empezar a cambiar muchas cosas. Sólo falta ponernos de acuerdo sobre los pasos a seguir.

No se trata de inventar nada y tampoco de copiar todo lo que estén haciendo en otros sitios. Afortunadamente se están poniendo en marcha iniciativas, en muchos sitios, de las que podremos aprender.

Con la libertad que me proporciona no pertenecer a ninguna formación política, ni ostentar ningún cargo en organización alguna, con la responsabilidad que creo haber demostrado, con mayor o menor acierto, en defensa de los trabajadores y trabajadoras y, en general, de los más desfavorecidos, y además de dejar claro, desde ahora mismo, que tengo absolutamente decidido no formar parte de ninguna lista electoral, sí me permitiré hacer propuestas, y estoy dispuesto a trabajar por ellas. Por supuesto que sigo afiliado al Sindicato Unitario pero, en esto, actúo a nivel personal.

Y, con la misma libertad, me permitiré, convocar a una primera reunión (y que, por mi parte, será la última), en la que podamos empezar a hablar y organizarnos.

Sobre la base de no contentarnos con participar en las elecciones, sino que pretendemos algo más amplio que la mera presencia en las instituciones, el objetivo inmediato sería empezar a conversar para llegar a un acuerdo sobre un diagnóstico y un programa mínimo, sobre una única lista electoral, y sobre la constitución de una asamblea de debate, decisión y control de los representantes electos, como forma de desarrollar la acción política. Sobre en qué puntos de programa nos pongamos de acuerdo, cómo  llegar a esa lista, si buscar o no el aval previo de una amplia mayoría, cómo conformar la asamblea, hasta qué punto va a ser abierta, cómo deberá funcionar, etc. serán cosas que tendremos que dilucidar entre todos y desde el principio.

Dos cuestiones, sin embargo, sugiero, que deberíamos establecer de antemano y que revelarían claramente el carácter de la nueva candidatura: Primera, los representantes electos de esa candidatura no apoyarán, bajo ninguna condición, ni en ningún caso, el nombramiento de alcalde de candidatos del PP, PSOE o PRC, ni formarán parte de ningún gobierno municipal o pacto de gobernabilidad con dichos partidos. Y, segunda, todos los candidatos firmarán previamente, sin fecha de ejecución, la renuncia a su cargo, resulten o no elegidos, de forma que puedan ser efectivamente revocados si la asamblea lo considera justo y conveniente, de acuerdo con los principios que la propia asamblea establezca.

Avanzar y comprometerse en torno a esta propuesta u otra parecida, entiendo, concierne , en Torrelavega (si somos coherentes), a ACPT, PODEMOS, Izquierda Unida, PCPE, UGT, CCOO, Intersindical Cántabra, STEC, Sindicato Unitario, Sindicato Ferroviario, CUOS, Unión Vecinal, Asociaciones de Vecinos, PAH, Plataforma contra el Fracking, Cantabria No Se Vende, Centros Sociales, Asociaciones culturales y ciudadanas de todo tipo... y todas aquellas personas de buena voluntad que quieran arrimar el hombro para poner en pie y llevar adelante semejante empresa. A todos ellos me dirigiré para invitarles a una primera toma de contacto.

Efectivamente, hay madera para ilusionarse.

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