Reflexión vegana

Jesús A. Soto
| 19.07.2011

Quien decide convertirse al veganismo comprende que los animales no humanos también son seres vivos sensibles al dolor y al sufrimiento, evolutivamente capacitados para experimentar emociones como la alegría o el miedo. Quienes lo abrazan demuestran una completa tolerancia y respeto hacia ellos y rechazan cualquier superioridad humana como especie (antropocentrismo o "especismo"). El homo sapiens, por tener conciencia, moral y capacidad cognitiva más desarrolladas, es capaz de no responder siempre a su naturaleza, incluso de vivir desnaturalizado, lo que es una invitación a comportamientos ecológicos coexistenciales bondadosos de no agresión. Teóricamente los veganos persiguen una actitud virtuosa que brinda ventajas físicas y mentales.

Los veganos procuran no emplear ni consumir productos derivados de animal, aunque la humanidad lleva milenios haciéndolo exitosamente (y en algunos casos rindiendo sentido y agradecido homenaje a sus sacrificios y víctimas animales): carne, pescado, huevos, queso, miel, seda... no estando demostrado científicamente que su consumo en pequeñas cantidades sea insano al igual que tampoco lo está que una dieta vegana extrema sea perjudicial para la salud (en todo caso depende de cada persona). Entre los productos rechazados por los veganos se incluyen algunos residuales, cuya obtención también aporta un beneficio simbiótico al animal (esquilar las ovejas en verano, sacar la miel de las colmenas) y otros finales (restos de animales muertos por circunstancias naturales: huesos, piel).

En este punto me asaltan algunas dudas; ignoro, por ejemplo, si el veganismo aboga por la muerte de animales molestos, insalubres o peligrosos (moscas, ratas, pulgas), con las consecuencias ambientales que ello pudiera tener. También me pregunto si plantea diferencias entre niveles de desarrollo nervioso de los animales, pues, por ejemplo, no debe ser lo mismo matar para comerse un cerdo que lapas u hormigas. En cuanto a la tenencia de mascotas, los veganos no la apoyan, conscientes como son de la falsedad implícita al concepto de propiedad y de que a través de ella no se establece una relación de iguales sino una simbiosis, ayuda mutua sometida a lo emocional, no exactamente libre.

El veganismo rechaza también el beneficio humano proveniente de esfuerzo o sufrimiento animal y, más concretamente, rechaza el extendido y aceptado beneficio capitalista, pecuniario, del trabajo (como el de bestias de carga) y la explotación animal (como la de los visones o las vacas lecheras). De este modo, la conducta vegana se opone y se protege frente al sistema agroganadero industrial imperante (cuyo máximo exponente sería el matadero): grandes estabulaciones intensivas en las que se produce a partir de una tortura continua y la muerte planificada de millones de animales. El deseo de máxima rentabilidad al menor coste y la creciente competencia lleva a los empresarios a adquirir para "sus" animales piensos de dudosa composición (harinas animales, dioxinas, transgénicos...) y producidos en lugares alejados en detrimento de la siembra de tierras para consumo nativo. Y es que las reses son un paradigma de despilfarro energético en biomasa por necesitar grandes cantidades de alimento para aumentar su peso; resultaría más sensato y provechoso cultivar directamente para el consumo humano. En el caso de la pesca, está demostrado que los mares siguen siendo esquilmados insosteniblemente, prevaleciendo la dictadura neoliberal y la necesidad del mercado frente al respeto a las vedas ecológicas. A ello cabe sumar el aumento progresivo y la mayor complejidad y descontrol de la salvaje y delirante contaminación marítima.

No obstante, el rechazo al sistema global de producción (tecno-genético, mercantil, explotador, químico...), transporte (motorizado, encarecedor), venta (grandes superficies, marcas blancas...) y consumo (irresponsable, desinformado) de todos los alimentos debe ser completo y radical (como plantea la soberanía alimenticia) o su daño (ambiental, social) persistirá. Personalmente, considero este sistema, que casi todos sostenemos, más nefasto y destructivo que la sádica, cruel, tauromaquia, también mantenida con fondos públicos pero en mucha menor medida.

De lo expuesto entresaco que el veganismo no es una ideología primitivista, pues las sociedades antiguas eran cazadoras además de recolectoras, sino una ideología moderna, quizás inspirada en la tradición espiritual oriental, razonada y madura, fundamentada en las posibilidades revolucionarias y emancipadoras del respeto interespecial a partir de una decisión personal. El carnivorismo es un hecho cultural verdaderamente arraigado en nuestros días, lo que no debe impedir la crítica al consumo ciego y excesivo (dos de los grandes males sociales) de ciertos derivados animales, que genera dinero sobre sufrimiento. De todos modos, huyamos de dogmatismos y posiciones inflexibles; relativicemos y debatamos (humilde intención de este texto) con cautela, tomando puntos aparentemente valiosos y serios de las posturas, como son, por ejemplo, el respeto a la vida, por una parte, y las continuas faltas de respeto que soportamos, por otra.

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