El TAV a Santander, el dislate del siglo

Paco Torre Soberón
| 16.12.2009

Sería muy difícil socioeconómica y medioambientalmente cometer errores semejantes. Hay que armarse de paciencia  y activismo para no sucumbir en las garras neocoloniales y plutócratas, esperando que la sociedad civil trabajadora haga un esfuerzo mental sobrehumano para analizar profundamente las ventajas que nos venden con el “mito” del AVE. Lo hacen aplicando las técnicas perversas de psicología   de masas  mediante la sugestión colectiva. Esta patología alienante, inhibe de responsabilidad cívica, al no percibir la desmembración social, osea:  ¡"Tierra quemada..."!

Respecto al TAV, o AVE de "mal agüero", ¿por qué en Europa ("con años luz por delante") se construyen menos? Algunas motivaciones son evidentes. Cuando se pasa de una realidad socioeconómica subdesarrollada a un crecimiento económico desorbitado, la cultura democrática brilla por su ausencia y el autoritarismo neofascista ha conseguido catapultar al capitalismo más salvaje sobre una ciudadanía -mayoritariamente- de cuestionable ética humana y social, ansiosa de riqueza y derroche; no dudando irresponsablemente en hipotecar su futuro. Ahora, "huyendo de la quema" desea viajar vertiginosamente sin cuestionarse a donde y con que dinero... Si dicha ciudadanía supiera que el TAV en Cantabria dañaría grave e irreparablemente el medio natural y que por su elevadísimo costo económico y energético sería una rémora para el desarrollo equilibrado de Cantabria y para frenar el cambio climático, ¿qué diría? Así mismo, existe el riesgo desvertebrador del territorio, sumiendo al País Cántabru en una situación de relaciones laborales y sociales cada día más precarias, ampliando la brecha entre la opulencia y la miseria.

Este proyecto sería ruinoso económica y socialmente. Jamás se amortizaría. Sólo de Reinosa a Santander rondarían los 2.500 millones de euros, igual al presupuesto anual de Cantabria, y el servicio sería económicamente muy deficitario. Además se saltarían la Ley de Ordenación de Transportes Ferroviarios,  por no ser económica y financieramente viable.
En  lugar del TAV, existen alternativas de corredores de altas prestaciones, alcanzándose velocidades de 220 a 250 km/h., suponiendo pequeñas diferencias en el tiempo. He aquí el "nudo gordiano" para el ahorro energético. La política desarrollista de los ejecutivos autonómico y central es nefasta. Para Revilla, Santander se convertiría en "parada y fonda" con el repescado -centenario- proyecto: Santander-Mediterráneo por Bilbao, ampliando el camino para convertir Cantabria en colonia vizcaína y castellana.

Ante tanto despropósito entiendo que por responsabilidad cívico-social en defensa del patrimonio común, urge detener proyectos tan descabellados como este (o el macroproyecto eólico, Santander Capital Cultural  Europea, etc...), concebidos con criterios especulativos y discriminatorios, antes de que lo destruyan todo.

Al presidente le gustaría repetir presidencia, para llorar el día que vea en Cantabria un AVE. Probablemente lloraría por el daño  irreparable que la están causando.
Con respeto y sin fobia, ya esta uno harto del "showman". Porque la política digna es otra cosa. ¡”Pobrezuca Cantabria, no levanta cabeza"!. Somos el hazmerreír estatal. Hormaechea fue otro presidente "peculiar", servidor político del franquismo ¡y pariente ideológico del Revilla!, quien es nominalmente más demócrata que Montesquieu. ¿No será consciente de renegar de su tierra natal por su actitud endofóbica hacia el campo y por las tropelías cometidas  (entre legalidad e ilegalidad) durante sus dos importantes cargos políticos? La justicia ordena derribar edificios, mientras las personas responsables del desastre se sienten inmunes, creyéndose exentas de corrupción...

Osadamente pienso que un somero psicoanálisis político de Revilla, indicaría que Cantabria le queda pequeña,  dado su espíritu expansionista ultraliberal y españolista. Esto, unido a la cultura paterna autoritaria y ambiciosa (su padre fue  funcionario y somatén  de Franco traído de fuera) más sus débiles raíces cántabras, componen un coctel ideológico explosivo que le ha llevado en los distintos gobiernos (en la parte que le corresponde) a desmembrar nuestro tejido industrial y a desmantelar nuestro sector agropecuario. Dentro de sus contradicciones ha dicho: “Lo primero que tiene que hacer un presidente es vender su tierra”…¡Como si fuera propiedad suya! Por fin dice lo que viene haciendo; afirmando que aquí no hay conflictos de identidad: ”Somos cántabros y españoles”. Queda clara su ideología; además es cántabro accidentalmente. Debiera tomar nota de la Federación Cántabra de Bolo Palma que si tiene identidad arraigada. El problema esta en preferir sumisión y vasallaje a libertad y soberanía, o sea a la democracia sustantiva identitaria. Sin embargo en honor a su verborrea política, ¡advierte de los riesgos de una economía dependiente de la construcción y del turismo!, habiendo sido su obsesión en los últimos gobiernos.

El campo tradicional cántabro por sus características ecoproductivas y etnoculturales es nuestro principal referente. Sin él, Cantabria será un apéndice abierto el espolio del Santander y otras financieras, así como a la política mercantilista europea, destruyendo aún mas nuestro tejido social y deteriorando la regulación sociolaboral. Nuestro campo esta quedando como un erial abandonado por sus gentes. En vez de invertir en el desarrollo endógeno (considerando la soberanía alimentaria, cultural y energética entre otras) invierten en el desarrollo exógeno y en proyectos desvertebradores.