La Revolución Bolivariana vive, vivirá y vencerá

Marcos Martínez Romano (militante de Regüelta)
| 21.03.2014

Desde el pasado día 12 de febrero, el ejecutivo revolucionario de Venezuela encabezado por Nicolás Maduro está viviendo un nuevo intento desestabilizador por parte de la oposición oligárquica, apoyada por los Estados Unidos, con el objetivo de derrocar al gobierno y terminar con el proceso bolivariano que Hugo Chávez emprendió en 1999.

La oligarquía venezolana, como en el resto de Latinoamérica y del mundo, se caracteriza por aceptar el juego democrático solamente cuando lo puede controlar para asegurar el mantenimiento de sus privilegios.

En un número importante de países latinoamericanos, durante la última “década ganada”, han irrumpido en el Estado las mayorías “plebeyas” personificadas en una serie de líderes representativos de las mayorías sociales de cada país que, respetando escrupulosamente las reglas democráticas formales, han aprovechado para cumplir con sus promesas a los pueblos que depositaron su confianza en ellos y cambiar de forma radical la estructura socioeconómica de sus países en beneficio de las clases subalternas.

Esto es lo que ha sucedido en Venezuela -quizás con más intensidad que en cualquier otro país latinoamericano- desde que el Comandante Hugo Chávez venciera en las elecciones de diciembre de 1998 y asumiera su cargo presidencial a principios de 1999.

Algunos logros de la Revolución Bolivariana

Baste dar unas pinceladas en forma de datos sobre temas fundamentales para poder comprobar cómo en Venezuela se ha modificado de raíz las condiciones de vida de su población.

-El Gobierno Venezolano destina actualmente un 64% de los ingresos obtenidos por la República Bolivariana a gasto social.

-EL porcentaje de venezolanos que vivían por debajo del umbral de la pobreza ha disminuido de un 49,4% en 1999 a un 19,6% en 2013, mientras que la pobreza extrema hizo lo propio pasando de un 21% en 1999 a un 5,5% hoy en día. Así como la desigualdad se redujo de un 54% en 1997 a un 39% en 2012. Además, hoy en día sólo un 2,7% de los venezolanos sufren de desnutrición, en comparación al 8% de personas desnutridas que había antes de 1999.

-Actualmente en Venezuela, la enseñanza es gratuita y universal desde el colegio hasta la universidad. Un 85% de los niños están escolarizados y el número de universitarios aumentó de 500mil en 1999 a 2 millones 600 mil estudiantes en la actualidad.

-En cuanto a sanidad, los venezolanos cuentan ahora con una sanidad gratuita y de calidad. Antes de la llegada del Comandante Chávez en Venezuela contaban con 18 médicos por cada 10 mil habitantes mientras que hoy en día esa cifra se ha cuadriplicado, contando con una tasa de 59 médicos por cada 10 mil habitantes. Además, en estos años de Revolución se han construido más de siete mil nuevas clínicas en todo el país y más de un millón y medio de personas ha recuperado la vista.

-En cuanto al trabajo, la tasa de desempleo se redujo del 16% en 1999 a un 5,6% en la actualidad. Además, el salario mínimo fue ampliamente ascendido ya que en 1999 éste estaba situado en 100 bolívares mientras que ahora está en 3270 bolívares.

-Todos estos logros mientras el PIB crece de media un 2,7% anualmente desde el comienzo del Proceso Bolivariano.

Además, y esto es una de las cosas a mi juicio transcendentales, estos cambios en la estructura económica del país en favor de las mayorías desfavorecidas se han producido en condiciones de plena libertad política y de respeto a la democracia representativa. Una de las principales diferencias del "Socialismo del siglo XXI" con respecto al "Socialismo Real" de los países del este en el siglo XX.

La representatividad ha sido mezclada con fórmulas innovadoras de democracia participativa y directa como el referendum revocatorio (por el que Chávez pasó y ganó en 2004 con un 59,1% de los votos), o la apuesta por empoderar a los sectores más pobres de la sociedad a través de lo que llaman “democracia protagónica” o “poder popular” representado en una nueva institucionalidad en forma de consejos comunales, comunas, etc., asambleas de barrio o pueblos a los que el Gobierno destina dinero público para que lo gestionen y lo inviertan en lo que ellos decidan.

El resultado de lo anterior es que en Venezuela todos los ciudadanos -incluidos los sectores tradicionalmente apartados de la participación política, en los que el componente racial jugaba un importante papel, mestizos, negros, indígenas- deciden con más regularidad y con más intensidad sobre los acontecimientos de su vida cotidiana que en cualquiera de los países occidentales.

Continuos intentos desestabilizadores

 Como decíamos al principio, claro está que esto no agrada a la oligarquía venezolana que se ha caracterizado por vivir de la renta petrolera, recurso que ahora es propiedad pública y del que se extraen los mayores beneficios que se destinan a todo lo anteriormente citado. El Proceso Bolivariano ha sufrido desde su comienzo brutales acometidas por parte de los sectores privilegiados del país auspiciados por el Imperio Norteamericano.

En 2002 montaron un golpe de estado que fracasó, ya que mediante la soñada desde su juventud alianza cívico-militar, Hugo Chávez fue rescatado y devuelto a su puesto de Presidente. Además, la Revolución también ha tenido que sufrir durante estos años una grave guerra económica: desde paros patronales, golpes de los altos directivos petroleros, acaparamiento de productos básicos, desvío de divisas, especulación con los productos de primera necesidad, etc.

A la muerte del Comandante Chávez, y la posterior victoria electoral de Maduro frente al candidato opositor Capriles en abril de 2013, la derecha venezolana respondió no aceptando los resultados, a pesar de ser reconocidos por todos los observadores internacionales, y llamando a sus seguidores a salir a la calle. Las protestas se saldaron con un balance de 13 muertos.

Después de esto, la escalada desestabilizadora golpista, siguiendo el guión del “golpe blando” teorizado por el politólogo estadounidense Gene Sharp, se ha acrecentado en los últimos meses.

Durante el otoño de 2013, se acapararon multitud de productos de primera necesidad para poder especular con ellos y provocar problemas de desabastecimiento y se desviaron divisas al extranjero en las operaciones cambiarias a través del CADIVI. Todo ello destinado a ganar las elecciones municipales de Diciembre de 2013 que la MUD presentó como un plebiscito contra el Gobierno de Maduro. El resultado fue contundente, los candidatos chavistas obtuvieron el 71% de las alcaldías y lograron un 55% de los votos en el cómputo general.

La violencia fascista desde el 12 de febrero

Ante esta nueva derrota en las urnas, la oposición respondió de la forma a la que nos tiene habituados. El 12 de febrero de este año comenzó una ola de violencia destinada a tumbar al chavismo encabezado por Maduro, disfrazada de protesta estudiantil.

El mismo 12 de febrero se producen 3 muertes, la de un chavista y dos opositores, curiosamente asesinados todos por balas provenientes del mismo arma (algo que ya sucedió en el intento de golpe de 2002).

Desde entonces hasta el día de hoy, la cifra de muertos ha ascendido a 31. Se han producidos hechos gravísimos por parte de los opositores como el destrozo de edificios públicos como hospitales o escuelas, el acoso a chavistas en sus propias casas, la quema de camiones con productos básicos, la colocación de alambres en las carreteras para degollar a motoristas, etc.

Pese a que la oposición ha intentado criminalizar al Gobierno Bolivariano por la represión con la que ha respondido a los disturbios, y que ha contado con el altavoz mediático de los medios privados venezolanos, que son mayoría, y de los mass media occidentales, entre ellos los españoles, la realidad es que en solo una de las 31 muertes ha resultado estar implicado un miembro de la Guardia Nacional y que las fuerzas opositoras han manipulado multitud de fotos de represión policial y militar en otros países o en la propia Venezuela prechavista para hacerlas pasar por imágenes que probaran la brutalidad con que el Gobierno Bilivariano reprime a su pueblo en la actualidad.

Además, el Gobierno ha procedido a investigar a varias decenas de miembros de la Guardia Nacional Bolivariana por sus actuaciones al margen de lo que establece la Constitución, acto que difícilmente podemos imaginar en el Estado español. El propio presidente Maduro, en su recién estrenado programa ‘En Contacto con Maduro’, declaró este martes que se comprometía “a investigar cada caso de denuncia por represión que me llegue", aludiendo al humanismo de la Revolución Bolivariana.

Las protestas, alentadas y encabezadas por los sectores más extremistas de la derecha venezolana encabezados por Leopoldo López y María Corina Machado, lejos de conseguir derrocar al Gobierno, de momento solo han servido para dividir y debilitar a la oposición.

Al contrario de lo que buscaban, parece que estas protestas están consiguiendo reforzar el liderazgo de Maduro en esta nueva fase de la Revolución Bolivariana, logrando aunar aún más al pueblo venezolano en la defensa de este proceso. Esto se ha podido comprobar en las diversas marchas por la paz y en apoyo al Gobierno que han protagonizado durante estos convulsos días varios sectores de la población venezolana: mujeres, motorizados, trabajadores de PDVSA, campesinos, indígenas, etc.

Concentradas en las zonas ricas del Este de Caracas, las protestas no han logrado expandirse a ninguna zona popular, lo que no permite a la oposición mostrarse como una alternativa de gobierno con un apoyo suficiente. Capriles, visto este fracaso y sabedor de que con el viraje que Chávez provocó en el campo de juego de lo político hacia lo popular es imposible buscar el apoyo de una mayoría social de esta manera, se intentó distanciar desde el comienzo de las mismas, buscando ahora dar la imagen de opositor moderado. Sin embargo, se ha negado a acudir a dialogar con el Gobierno de Maduro pese a los intentos de éste, como la reciente convocatoria de la Comisión de la Verdad.

La transición hacia un mundo multipolar y la soberanía latinoamericana

Por otro lado, se está demostrando también la creciente pérdida de influencia de Estados Unidos en Latinoamérica.

Estamos metidos de lleno en el cambio geopolítico hacia un mundo multipolar en lo económico con varias potencias emergentes disputándole la hegemonía a EEUU (los famosos BRICS).

Para no perder esta posición hegemónica en lo económico, los Estados Unidos están intentando desestabilizar a las nuevas potencias emergentes. Lo estamos viendo con su intento de desestabilizar a Rusia en los sucesos de Ucrania, en sus campañas propagandísticas contra China, en sus intentos desestabilizadores en Oriente Medio, Libia, Siria... y ahora, una vez más, en el intento de derrocar a su principal enemigo político en una región, Latinoamérica, que camina a marchas forzadas hacia su soberanía gracias, en gran medida, a la voluntad y la visión geopolítica del Comandante Chávez.

Sin embargo, como decía antes, la pérdida de poder estadounidense en la política latinoamericana es evidente. Esto se puede comprobar en la posición de apoyo incondicional al Gobierno de Maduro que mostraron multitud de gobiernos: Bolivia, Ecuador, Uruguay, Argentina, Brasil… al igual que las instituciones de integración regional latinoamericana como Unasur, Mercosur, Alba y Celac, a los pocos días del comienzo de la desestabilización.

Y, sobre todo, se evidenció en la OEA. En primer lugar, en la derrota que los Estados Unidos sufrieron en su intento de que la OEA mediase en la situación de Venezuela. 29 votos en contra por 3 a favor obtuvo esta propuesta (solo Canadá y Panamá apoyaron a EE.UU) reforzando de este modo la soberanía venezolana respecto a sus asuntos internos. Y, en segundo lugar, a la respuesta que el Secretario de la OEA, José Miguel Insulza, le ofreció al Secretario de Estado estadounidense, John Kerry, ante su amenaza de establecer sanciones económicas a través de la OEA a Venezuela, a lo que Insulza respondió de forma negativa aludiendo que el caso venezolano no pone en riesgo la democracia ni la seguridad del continente americano.

El legado de Chávez apuntala la Revolución

Chávez cambió el sentido común en Venezuela. Actualmente no se puede aspirar a ganar si no se cuenta con una gran mayoría popular. Esto se vio en las últimas elecciones presidenciales con la adaptación del discurso de Capriles a las coordenadas chavistas, y se evidencia ahora de nuevo en el fracaso de unas protestas que no cuentan con el apoyo de ningún sector de las clases populares.

También, consciente de que sin ello la supervivencia del Proceso Bolivariano sería imposible, cambió el tablero geopolítico en América Latina apostando decididamente por la unión con todos los países que estuvieran dispuestos a llevar una política soberana y no sometida al Imperio Yankee. Respetando las peculiaridades y los ritmos de cada uno. Y, esta puesta en práctica del sueño de Bolivar, Martí o el Che de una América Latina fuerte, soberana y unida, es fundamental también para conseguir que la Revolución Bolivariana en Venezuela perviva en la actualidad.

Como podemos observar, la Revolución Bolivariana continúa siendo capaz de resistir los continuos ataques orquestados por la oligarquía venezolana y el imperialismo norteamericano ciñéndose al cumplimiento estricto de la Constitución Venezolana, gracias a la gran voluntad del pueblo venezolano de no dejar morir un proceso político que ha traído para el país la mejor etapa de su historia y ha conseguido dar comida, sanidad, educación, participación y voz a los sectores populares que siempre se habían visto privados de todos estos derechos.

Y, gracias también, a que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana continúa al lado de su pueblo, al lado de la Revolución, pese a los rumores que desde EE.UU se lanzan hablando de división en el seno del ejército. Como apuntaba antes, la siempre soñada y buscada por el Comandante Hugo Chávez, y hoy conseguida, alianza cívico-militar.

Los socialistas, antiimperialistas e internacionalistas de cualquier parte del mundo debemos situarnos “rodilla en tierra con Maduro, con todo el Pueblo Venezolano”, frente a esta ola desestabilizadora y asesina auspiciada por el imperialismo norteamericano que está sufriendo la patria de Bolivar. 

La Revolución Bolivariana vive, vivirá y vencerá.

Territorio: