Podemos: la sinergia de lo popular y lo institucional para ganar

Marcos Martínez Romano (militante de Regüelta y miembro de Cantabria No Se Vende)
| 30.01.2014

En la actualidad, en el Estado español estamos siendo a la vez testigos y víctimas de la rotura, por parte de las élites, del contrato social “pactado” en 1978. La oligarquía española, jamás productiva y siempre rentista y saqueadora, aprovechando la crisis, ha lanzado una ofensiva histórica por la que pretenden conservar e incluso ampliar sus beneficios empobreciendo a las mayorías.

Son varios y diversos los factores que dibujan una situación de excepcionalidad y emergencia social: aumento exponencial del número de parados, especialmente en los jóvenes, y de la precarización de las condiciones de trabajo; generalización de la pobreza, con un cuarto de la población del Estado viviendo por debajo del umbral de la misma; expulsión de sus territorios de multitud de jóvenes que no tienen la oportunidad de construir un proyecto de vida digna en su tierra; multitud de casos de corrupción en las que están implicados actores fundamentales del Régimen; una cada vez mayor percepción de la gente común de la existencia de una “casta política” alejada de la realidad que gobierna saqueando el patrimonio público para su propio beneficio; evidencia de la ficción democrática en la que vivimos, en un contexto de pérdida de soberanía estatal frente a instituciones supranacionales que determinan las políticas que (des)ordenan nuestras vidas pero que jamás se someten a elecciones, etc.

Esta situación, unida al ciclo de movilizaciones que comenzaron el 15M de 2011 y devinieron en la lucha de las Mareas y contra los desahucios de la PAH, más el creciente movimiento soberanista en Catalunya, ha contribuido a disminuir la legitimidad del sistema político español durante los últimos años y a acrecentar la crisis orgánica –en tanto crisis institucional, política y territorial- del Régimen del 78. Sin embargo, este decreciente “consentimiento de los gobernados”, en términos gramscianos, no ha alcanzado aún un grado suficiente para resquebrajar los aparatos del Estado, fundamentalmente por dos razones.

En primer lugar, porque el Estado sigue siendo capaz de generar un cierto grado de aceptación al proporcionar los servicios que los ciudadanos esperan que les preste, aunque sea en cada vez peores condiciones; y en segundo lugar, porque a pesar de la situación de pérdida acelerada de la capacidad para generar consenso, el Estado sigue manteniendo intacta la capacidad para mantener el monopolio de la violencia, lo que convierte en inviable pensar en un desborde popular violento que ponga en jaque su capacidad para dominar mediante la coacción. Ejemplo paradigmático de esto último lo podemos observar en Grecia, donde 4 años de furibundas protestas callejeras han sido incapaces de derribar al sólido -en términos de monopolio de la violencia- Estado griego.

A esta supervivencia del sistema político español contribuye también la incapacidad de las diferentes izquierdas para articular la multitud de demandas diferentes existentes en un proyecto mayoritario con vocación de poder.

La izquierda institucional española (IU) no ha entendido la nueva época abierta tras el 15m, siendo incapaz de abrir sus estructuras a las participantes de los movimientos sociales y al resto de la ciudadanía para que estos sean los que marquen su agenda; los diversos partidos comunistas a la izquierda de IU siguen anclados en la apelación a un sujeto político (el clásico trabajador industrial con mono azul) actualmente inexistente, sin analizar el cambio en las estructuras laborales de la sociedad en las últimas décadas que hacen inviable la aglutinación del descontento popular en torno a una identidad de clase;  mientras que algunos de los movimientos surgidos al calor del 15M y la izquierda de tradición libertaria siguen demasiado aferrados al “no nos representan” sin darse cuenta que la lucha por la ocupación de espacios institucionales a través de las grietas que la pérdida de legitimidad del Régimen ha abierto es fundamental para poder parar su ofensiva en este contexto de excepción.

Nos encontramos de esta forma, en un momento de bloqueo político en el que confluyen la incapacidad de las diferentes izquierdas para proponer alternativas a los partidos de Régimen (que parecen haber detenido su caída en las últimas encuestas) y el ascenso de opciones perpetuadoras del orden existente como UPyD o Movimiento Ciudadano, que aspiran a captar el voto de sectores de población desmovilizada políticamente y desencantada con los partidos tradicionales en base a un maquillaje de regeneración democrática y un discurso de desprestigio de “la política”.

En este contexto, es donde un grupo de intelectuales y activistas sociales vieron la necesidad de dar un golpe encima del tablero político impulsando el proyecto Podemos de cara a las próximas elecciones europeas.

La presentación de Podemos vino a remover la situación de bloqueo político en el Estado español. Buscaba y ha conseguido generar un debate del que no han escapado ni los partidos tradicionales de la izquierda española (es claro el órdago lanzado a IU para que los sectores que están por la superación del Régimen tomen fuerza en su interior), ni las diferentes izquierdas soberanistas del Estado, ni los viejos y nuevos movimientos sociales. Su objetivo es construir un proyecto en el que participen el máximo posible de estos actores y que tenga la capacidad de enganchar a las grandes masas de población hartas con el orden existente pero que no se sienten identificadas con ninguna opción política existente ni se encuentran organizadas en sus territorios.

Con tal fin, los promotores de la iniciativa han apelado a diferentes organizaciones que están por la superación del Régimen del 78 y de la actual Unión Europea a que se sumen al mismo confluyendo en torno a unos mínimos basados en la recuperación de la democracia y la soberanía popular, la auditoría de la deuda y la negativa a pagar la parte ilegítima de ésta, el cese de las políticas de austericidio y el respeto al derecho a decidir de los pueblos.

Desde el principio y pese a la mala comprensión de parte de la izquierda, han dejado claro que no tienen la intención de ser un partido más u otra coalición que solo pretenda unir a siglas ya existentes. La clave fundamental es que se presentan como un nuevo método que otorgue a la gente –ya movilizada políticamente y, sobretodo, a la no movilizada- el protagonismo por encima de los aparatos de los partidos y organizaciones políticas. De este modo se pretende recoger el espíritu del 15M e intentar aprovechar la ventana de oportunidad política abierta por la suma de la actual situación de emergencia social, del cambio del sentido común de época generado por las movilizaciones de los últimos tiempos y de la proximidad de la cadena de citas electorales en menos de 2 años: europeas, autonómicas-municipales y generales.

Para ello, el protagonismo en la elaboración del programa político y  en la configuración de la lista electoral recaerá en la gente. Así mismo, se promueve la autoorganización en cada territorio mediante la creación de “Círculos Podemos” que contribuyan al empoderamiento popular en cada barrio, pueblo, centro de trabajo o de estudio, ya que como suele repetir el propio Pablo Iglesias “la política que no haces tú, te la hacen otros”.

Diversas y variadas críticas ha causado la irrupción de esta propuesta dentro de las organizaciones de izquierdas. Desde el “paracaidismo españolista” hasta el excesivo “institucionalismo electoralista” pasando por la ausencia de un lenguaje clásico de la izquierda y el excesivo “liderazgo mediático” de Pablo Iglesias.

Empezando por este último, es constatable que allí donde existe un mayor tejido social los liderazgos se hacen menos necesarios. Sin embargo, en el conjunto del Estado, exceptuando los territorios donde los movimientos populares van estrechamente unidos a la identidad nacional (Euskal Herria y Països Catalans sobretodo), el tejido comunitario ha sido dinamitado. Vivimos en una sociedad fragmentada y atomizada en la que los espacios de vida en común han sido reducidos a la mínima expresión. Por eso, las tentaciones de la vuelta a un espacio comunitario inexistente pueden resultar contraproducentes.

Ante esto, la figura de una persona que, en este caso por su eco mediático, pueda servir como catalizador del descontento de la gente común cobra una importante relevancia. En este sentido, creo que durante los últimos meses Pablo Iglesias ha conseguido convertirse en portavoz del hartazgo de muchas personas, no necesariamente de izquierdas, ante los representantes del discurso oficial del Régimen.

Es cierto que el excesivo protagonismo de Iglesias genera incertidumbre en muchos sectores, pero también lo es que la puesta en el centro del proyecto en el que desde el comienzo se ha situado a la autoorganización ciudadana, tiene que servir como forma de evitar ese riesgo.

En cuanto al electoralismo y las aspiraciones institucionales, hay que comprender la situación de emergencia social en la que vivimos y su intención de empobrecernos aún más. No disputarles los espacios desde donde se legisla contra nosotras es hacerles un regalo que podríamos pagar muy caro durante las próximas décadas. Su ofensiva empobrecedora destinada a convertir a España en un estado periférico dentro de la división del trabajo en la UE puede no tener vuelta a atrás.

Además, hay un amplio sector de la población, sobretodo joven, cuya desafección con el régimen se muestra en la alta abstención electoral. Ahí es donde no se puede dejar que opciones como UPyD o Ciudadanos, con su retórica “antipolítica” que jamás cuestiona el orden económico existente, ocupen ese espacio. Hacerlo sería favorecer la continuidad del Régimen mediante este tipo de partidos que vendrían a legitimarlo en base a una supuesta “regeneración política”.

Y para acabar con esto, como nos han enseñado las experiencias latinoamericanas, particularmente en Venezuela, el empoderamiento de la gente común no tiene por qué estar reñido con la entrada en las instituciones. Por el contrario, la dinámica electoral en torno a un discurso ilusionante que apele a la mayoría social desposeída por las élites con vocación claramente ganadora, puede favorecer y acelerar, particularmente en lugares donde el tejido social está más debilitado, la creación contrapoderes locales que constituyan una base social fuerte que actúe a la vez de sustento y de “vigía” de los representantes institucionales de los de abajo.

Respecto al abandono del discurso tradicional de la izquierda, parece evidente el fracaso para movilizar e ilusionar a la gente común de los discursos basados en las apelaciones a las categorías clásicas de la izquierda, como pueden ser los términos “socialismo” o “revolución”, así como los intentos de construcción de mayorías en torno a identidades de clase basadas en el mundo del trabajo .Decía Simón Rodríguez que “o inventamos o erramos” y empecinarse en seguir utilizando los métodos que durante las últimas décadas han venido fracasando constantemente sería una manera indiscutible para acabar “errando”.

Innovar en la construcción de identidades que puedan activar a mayorías sociales en base a la emoción, se hace obligado en este contexto. En este sentido, creo que la apelación por parte de Iglesias a “los de abajo” frente a “las élites” que saquean lo público, o incluso su polémico intento de resignificación del concepto de patriotismo español identificando a la patria con los sectores subalternos frente a la oligarquía que la vende a poderes extranjeros y con el absoluto respeto a la decisión de los pueblos a decidir su futuro, están consiguiendo llegar a un abanico de personas no identificadas tradicionalmente, ni con las ideas de izquierda, ni con la idea de España. Esto es para mí fundamental a la hora de articular una mayoría social que pueda precipitar el cambio político. Traspasar la idea de “unidad de la izquierda” para pensar en términos “unidad popular o ciudadana”.

Para finalizar, en cuanto a las acusaciones de “españolismo” y “paracaidismo”, en mi opinión, por lo menos hasta el momento, son injustificadas. Es cierto que la iniciativa surge desde Madrid, pero, como ya explicamos, es un método a través del que la gente puede construir poder popular en cada territorio, en base a las necesidades de su realidad.

Me centraré en la situación en mi tierra, Cantabria, donde el soberanismo organizado se reúne en la organización juvenil en la que milito, Regüelta, con cerca de 16 años de trabajo a sus espaldas al lado de todos los movimientos sociales cántabros.

Además, a partir del 15M, se desarrolló una iniciativa no soberanista pero sí pensada y articulada en marco cántabro llamada ‘Cantabria No Se Vende’. CNSV comparte mucho del espíritu y el método organizativo de Podemos, aunque se diferencie en que éste no tiene vocación electoral. En estos dos años y medio hemos sido capaces de hacer confluir a 50 colectivos de diferente índole y representativos de diferentes demandas particulares en base a unos mínimos consensuados entre todos y a una identidad común: el convencimiento de que Cantabria la construimos sus clases populares en oposición a las élites políticas locales que venden nuestra tierra y destrozan nuestro territorio –como ahora se puede comprobar con el fracking- al servicio del poder central y de las oligarquías económicas españolas y extranjeras.

Este trabajo va dando sus frutos, pero por motivo de la fragmentación social y la destrucción de las formas de vida comunitaria ya antes citados, sumados a la aculturación y asimilación de las formas de vida, cultura, lengua y relaciones económicas de nuestra tierra durante siglos, se trata de una construcción que obligatoriamente tiene que realizarse a un ritmo mucho más lento que el de su ofensiva. La cual, además de despojarnos de nuestros derechos sociales, está tomando y amenaza con hacerlo aún más, la forma de una recentralización siempre defendida por la oligarquía española a lo largo de la historia para defender sus intereses de clase.

Las comparaciones con otras realidades en las que la construcción de un fuerte tejido social ligada a una fuerte conciencia nacional lleva décadas cimentándose serían, a mi parecer, erróneos.

Por esta situación, creo que no debemos ver el “boom” de Podemos como un fenómeno negativo que viene ya construido desde fuera, sino como una herramienta que puede favorecer y acelerar esta construcción de pueblo tan necesaria en Cantabria por su fuerte eco mediático y su capacidad de ilusionar a una parte significativa de la población aún no activa.

Como sucedió ante la irrupción del 15M, no se trata de criticarlo desde una cómoda posición externa por no adecuarse a lo que teníamos en nuestras cabezas, sino de sumarse a ello para intentar que el empoderamiento popular en nuestro territorio se produzca en clave cántabra, atendiendo a nuestros problemas y necesidades. Mientras, a la vez, se confluye a nivel electoral con los círculos del resto de pueblos para conquistar posiciones en las instituciones desde las que se materializa su ofensiva oligárquica despojadora de todo lo conquistado por años de lucha.

Para ello, mañana sábado 1 de Febrero a las 7 de la tarde en el Centro Cultural Doctor Madrazo en Puertuchicu, Santander, está convocada la primera asamblea de Podemos Cantabria. La disyuntiva es clara: ¿nos quedamos fuera o apostamos por mezclar el empoderamiento de la gente en nuestra realidad con la vía institucional a nivel estatal para intentar ganar? yo apuesto a que "Podemos".

Territorio: 

Comentarios

Aclarar que el

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Aclarar que el antiparlamentarismo de "la izquierda de tradición libertaria" no se sustenta en el no nos representan, que no deja de ser un eslogan en las manifestaciones. Es respetable la opción del articulista de ver esperanzas en un movimiento organizado desde arriba, con el evidente liderazgo de una persona muy mediática, y la clara influencia de una corriente ideológica/partidista muy acentuada, aunque me sigo sorprendiendo que todos los llamamientos a la unión pasan por montar un nuevo chiringuito. 

Y por último me hace mucha gracia que la mitad de los comentarios sean para defender a IU, con quien el articulista ha demostrado ser bastante crítico. Por lo demás, adelante, esperaré a ver cómo vaciais de contenido las instituciones desde dentro. Porque sin sumarse a "podemos" también se puede luchar por nuestros problemas y necesidades.

 

Bien señalado un aspecto

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Bien señalado un aspecto crucial, que es la ausencia de contradicción entre la calle y las instituciones. El movimiento 15-M supuso en muchos casos un rechazo a la política, como si "los de arriba" fueran "los políticos" en general. Esta idea está siendo superada cada vez por más gente, que ve necesario que los luchadores también estemos en las instituciones. Hay que "inyectar calle" en el congreso. Esta idea fue muy difundida por Julio Anguita, y es la idea que mejor define a IU. Aunque IU tenga la desventaja de que no tiene el factor sorpresa (no es como Ciudatans o Podemos, que pueden mostrar la imagen de "algo nuevo" y llamar más la atención), lo cierto es que lleva mucho tiempo construyendo el bloque alternativo, uniendo las voces de la calle y llevándolas al congreso. Tras la lección de que hace falta combinar calle e instituciones, toca la lección histórica de que la izquierda tiene que unirse para triunfar, superando diferencias. Porque es un movimiento fuerte y unido lo que más temen los poderes económicos que gobiernan el país.

"La izquierda institucional

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"La izquierda institucional española (IU) no ha entendido la nueva época abierta tras el 15m, siendo incapaz de abrir sus estructuras a las participantes.."

IU, ha estado meses trabajando desde la base con MMSS y políticos, además de otros partidos y organizaciones por confluir en un bloque político y social bajo un proyecto que se ha llamado "Suma",y el programa electoral de las europeas, además de la militancia, está abierto a el público para hacer aportaciones http://programa-abierto.izquierda-unida.es/

Así que creo que esa afirmación no se ajusta a la realidad, aunque es cierto que a IU le queda bastante camnio en este sentido, pero que sin duda esta en buen rumbo. Lo curioso es que ahora venga Pablo Iglesias y otros compañer@s, a querer cambiar las cosas desde abajo, pero trayendo un proyecto completamente desde arriba!!! vendiendo marca electoral sin trabajo de base ni organización , más alla de IA que ha mentido sobre este proyecto, como se descubrio en documentos suyos que salieorn a la luz, y que según dicen algunos de sus militantes (no se la veracidad de la prensa) no se ha contao con sus bases....

Un poquito de por favor... y vamos a intentar juntarnos todos sin imposiciones y trabajando desde la base 8 lo dingo tanto para IU, como Podemos, como Equo o cualquiera) que creo, bajo mi punto de vista, que la ocasión lo requiere.