Podemos y las municipales. Seguir con la apertura y saber dónde golpear para ganar

Marcos Martínez Romano. (Portavoz de Podemos Santander)
| 30.09.2014

En la última asamblea de Podemos Santander, uno de los puntos del día estuvo centrado el debate abierto en la actualidad en relación con Podemos: las elecciones municipales. Varios compañeros presentaron un documento en el que expusieron varias razones por las que Podemos sí debería presentarse a las elecciones municipales. Razones que se condensan en el artículo escrito por mi compañero Juanma Brun “¿Debe concurrir Podemos a las elecciones municipales? Siete buenas razones para el sí”.

Para exponer mi opinión al respecto, comienzo por expresar que se trata de un tema arduo, con muchas aristas, sobre el que creo que es difícil cualquier intento de superación de la discusión en términos de “sí” o “nó”. Ahora bien, pensando en clave estratégica, y si tuviera que decantarme, he de decir que estoy más cerca del “no” que del “sí”.

A grosso modo, creo que presentarse a las municipales en la mayoría de localidades supone un riesgo mayor que el beneficio que quizás se pudiera obtener de ello. Y que esos riesgos que se asumirían podrían repercutir muy negativamente en que Podemos consiga ser la herramienta para la transformación política en sentido popular en el conjunto del Estado. Esto no quiere decir que no haya que disputarle a la casta local el poder. Sin embargo, no creo que tenga por qué hacerse con la marca Podemos por delante.

Uno de los argumentos más leídos y escuchados a favor de sí hacerlo apunta a la capacidad de empoderamiento popular desde abajo. Ahora bien, según mi punto de vista, el tener que depender de la marca Podemos para concurrir a las municipales dista de ser una muestra de fortaleza de la capacidad autoorganizativa a nivel local. Más bien expresa lo contrario, la debilidad mostrada en la imposibilidad de crear estructuras fuertes de contrapoder asentadas en tu territorio y en la necesidad de depender de una marca construida al margen de nuestro contexto más cercano para poder dar la batalla a nivel municipal.

La obsesión por concurrir en todos los comicios bajo el paraguas de la marca Podemos oculta lo que debería ser el principal objetivo: construir procesos de unidad popular –que no sopas de siglas- desde la realidad de cada municipio junto a los actores sociales, políticos y la ciudadanía no organizada que quiera ser protagonista del cambio.

Otro de los argumentos que se exponen como motivo para concurrir a las municipales como ‘Podemos’ es que, de no hacerlo, podríamos estar dejando pasar una oportunidad histórica de disputar el poder a los caciques locales. Desde mi punto de vista, esta perspectiva peca de falta de análisis del ciclo político completo al que nos enfrentamos y de un fallo a la hora de concebir qué es Podemos, las claves de su éxito y lo que pretende.

En cuanto al primer error, parto de la premisa de que estamos ante un escenario de excepción, una crisis de Régimen. Por primera vez desde hace décadas, existe una estructura de oportunidad política que nos permite poder  revertir la situación en España. Mucha gente ha perdido la confianza en los dos partidos protagonistas del Régimen del 78 (en las europeas no llegaron al 50% de los votos entre las dos) y ya percibe -y las encuestas demuestran que esta percepción va en aumento- que el PP y el PSOE no son las únicas fuerzas con capacidad y posibilidad para gobernar.

Sin embargo, las élites ya han comenzado una operación de maquillaje para intentar recobrar la lealtad de aquellos a los que han dejado de seducir que ahora perciben a Podemos como la fuerza capaz de satisfacer todas sus demandas y poder liderar la transformación política en el Estado español.

Teniendo en cuenta esto y que uno de los motivos centrales por los que Podemos irrumpió con tanta fuerza es su discurso ganador, yo me pregunto: ¿oportunidad en las municipales para qué? Se podrían dar varias situaciones que creo que podrían suponer la desactivación de esta idea creciente en la sociedad que por la que se percibe a Podemos como un proyecto ganador con serias expectativas para gobernar.

- Sería factible un escenario en el que en miles de municipios se obtuvieran unos pocos concejales, que a nivel efectivo no pudieran incidir en la transformación real de sus pueblos y ciudades, y la gente comenzara a volver percibir a PP y PSOE como las únicas alternativas viables de poder.

- La gente que confía en Podemos nos exigiría –y con razón- mucho más que a los partidos de la casta en el caso de tener responsabilidades de gobierno. No solo nos pedirían más democracia y más transparencia, sino y sobre todo, una gestión más eficaz que solucione sus problemas cotidianos. De nada serviría ser 100% honestos y transparentes ni construir las mejores herramientas de participación ciudadana en el caso de no ser capaces de satisfacer las necesidades reales de la gente.

Por falta tanto de tiempo como de recursos, no tenemos aún especialistas en todos los ámbitos que hay que conocer para gobernar un municipio. Ni siquiera disponemos de la gente suficiente y la estructura organizativa necesaria para, en la mayor parte del territorio español, poder concurrir a las elecciones municipales y autonómicas a la vez.

Teniendo esto en cuenta, en política hay que analizar bien de qué recursos dispones para, con ellos, elegir el terreno en el que puedas tener más opciones de golpear con éxito a tu adversario. En este sentido, creo que existe una diferencia entre las autonómicas y las municipales. En varias CCAA (Asturias, Andalucía…) se manejan encuestas en las que Podemos es ya opción real de gobierno. Sumadas a otras en las que los resultados no pueden ser tan positivos pero tampoco testimoniales si se hace bien, los resultados en las autonómicas sí podrían incrementar la percepción de Podemos como fuerza de gobierno. Por ello, y fijándome en el caso concreto de Cantabria, creo que sería mejor centrar nuestros esfuerzos en dar la pelea como Podemos solo en las autonómicas. En las municipales tendríamos que tratar de ayudar a las alternativas de unidad popular ya configuradas e intentar construir alternativas en este sentido en aquellos lugares en donde aún no existan.

En cuanto al segundo fallo, tengo la percepción de que existe en varios de mis compañeros una idea a mi juicio equivocada de lo que es Podemos. Sin darse cuenta, se concibe a Podemos como un partido clásico en el que los círculos actuarían de sucursales locales del mismo en los que habría que militar para poder tener la posibilidad de participar de las decisiones. Esta visión, a mi juicio, excluye de este proyecto a la mayor parte de la gente ilusionada con Podemos por la “sencilla” razón de encontrar en la televisión -espacio hoy crucial de socialización política- a una serie de personas capaces de servir como catalizadores de sus diferentes descontentos y articularlos en una nueva identidad colectiva con afán de victoria. Es una de las razones por las que dotar de absoluta soberanía a los círculos locales para tomar la decisión con respecto a los comicios municipales me parecería un error, ya que supondría cerrarse a la sociedad en los círculos, repitiendo viejos errores.

Los círculos deben ser herramientas que faciliten la participación directa en política de la ciudadanía y que promuevan una cultura política nueva, pero no pueden convertirse en estructuras en las que se decida todo en exclusiva dejando al margen a la mayoría de la gente que se siente parte de Podemos bajo la retórica del “desde abajo” y de un mal entendido asamblearismo.Los círculos son parte del demos, pero no son el conjunto de ese demos al que Podemos está interpelando con éxito. Por ello debemos construir una organización que no aparte a nadie de la toma de decisiones. Que no privilegie a nadie por tener más tiempo o ser más activista con respecto al resto. En la que todos decidan por igual: “una persona un voto”.

El objetivo principal de Podemos es servir como palanca para lograr un cambio de régimen en España. Lograr transformar en política la mayoría social ya existente para superar el Régimen del 78 y en un futuro no lejano pueda dar lugar al inicio de un proceso constituyente para construir un nuevo contrato social en favor de los de abajo. Para ello es fundamental que la gente (que insisto, es mucho más que aquellos que participamos en los círculos) siga percibiendo a Podemos como algo “limpio” (en el sentido de 0 corrupción) y eficaz. Por lo que, si no disponemos de capital humano suficiente para afrontar con garantías las autonómicas y las municipales a la vez, es mejor no participar en estas últimas.

No menospreciemos al enemigo. Siguen controlando los aparatos ideológicos a través de los cuales son capaces de crear opinión en millones de personas. Cualquier mínimo error de un cargo público de Podemos, ya no sólo relacionado con casos de corrupción, sino en el sentido de ineficacia en la gestión, sería entregar al enemigo munición para cargar sus armas comunicacionales contra Podemos de cara a las próximas elecciones generales.

Además, llegaríamos a los ayuntamientos con todos los poderes fácticos locales en contra y nos encontraríamos con una maraña de redes clientelares con las que no se consigue acabar mediante decretos. Las instituciones generan unos hábitos, tanto en los que las ocupan como en las personas a las que sirven, que arraigan en la sociedad y nos exigiría una ardua tarea el cambiarlos.

Como contrapeso a todo esto, solo podríamos poner a la población movilizada y consciente. Sin embargo, en la mayoría de los sitios, esta aún es una parte minoritaria e insuficiente y acelerar este proceso de movilización social, así como la creación de herramientas comunicativas que permitan contrarrestar sus ataques requiere de mucho más tiempo del que este ciclo político que concluirá en noviembre de 2015 nos otorga.

Por todo esto, tengamos las miras amplias. Observemos todo el ciclo político abierto en perspectiva y actuemos de la manera más adecuada para aprovechar unas grietas que no van a durar abiertas eternamente y que de cerrarse, podrían no reabrirse en décadas.

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