Paramilitarismo y guerra de baja intensidad en Chiapas: ¿hacia un nuevo recrudecimiento?

Francisco Javier Mina
| 03.06.2014

El concepto de guerra está en permanente cambio y las estrategias por las que el ser humano ataca a sus semejantes están en una continua reformulación. Caminamos hacia un mundo cuyos conflictos bélicos se plantean de tal modo que no ensuncien las manos del agresor. El coste político de asumir un enfrentamiento es a menudo demasiado alto. La guerra de los drones es un intento en este sentido, pero hay estrategias mucho más antiguas que caminan en la misma dirección.

Si la guerra clásica constituía una forma de enfrentamiento entre Estados, los llamados “conflictos de baja intensidad” son una forma de enfrentamiento entre un Estado y actores no estatales. Esta expresión, creada por el jefe del Estado Mayor privado de la reina Isabel II, Sir Frank Kitson, se aplica por igual a la contrainsurgencia en las colonias, a la lucha contra la subversión durante la guerra fría y a ciertas operaciones de «mantenimiento de la paz». Es el caso de Chiapas donde hace más de veinte años (1 de Enero de 1994) un levantamiento armado sacudió la conciencia del país. Miles de indígenas organizados en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional tomaron 7 cabeceras municipales y mantuvieron enfrentamientos con el Ejército Federal Mexicano hasta el día 12 de Enero.

Tras ese breve período de guerra abierta comenzó en Chiapas una guerra de baja intensidad, donde paralelamente a las negociaciones entre las fuerzas rebeldes y el Gobierno Federal, éste activó varios grupos paramilitares que acosaron a las bases de apoyo zapatistas de forma sangrienta durante el resto de la década de los 90. El punto álgido de esta estrategia sucedió en la comunidad de Acteal (Chenalhó, Chiapas) donde el 22 de Diciembre de 1997 un grupo paramilitar atacó a la población indefensa causando 45 muertos.

Al entrar el nuevo siglo, la estrategia paramilitar cambió. Con el gobierno de Vicente Fox (PAN) y una vez desalojado el PRI de la silla del poder, las ayudas economicas a aquellos indigenas que abandonan el zapatismo se convirtió en el eje principal de la politica contrainsurgente. Sin embargo los grupos paramilitares no fueron desactivados, la impunidad de la que disfrutaban estos grupos entrenados por fuerzas policiales o militares se mantuvo aunque su actividad haya sido mas discreta. Ahora tenemos indicios para pensar que volvemos a una época como la de los 90. En este sentido, el hecho de que la retirada del Subcomandante Marcos se haya dado en este momento y se haya hecho de ella una denuncia de la situación, nos da una idea de la gravedad que según la organización zapatista tiene el asesinato de “Galeano”.

Y es que hacía años que no ocurrían en Chiapas sucesos como los del pasado 2 de Mayo, cuando un grupo de paramilitares irrumpieron en el poblado Tojolabal de La Realidad (no es ironia, el pueblo se llama así) y asesinaron de tres disparos a Jose Luis Solís López “Galeano” e hirieron a otras 15 personas. Hay varios elementos en este ataque que nos hacen pensar en que estamos ante la apertura de un nuevo ciclo de violencia paramilitar en Chiapas.

a) Se trata del primer hecho grave de represión contra las comunidades zapatistas ocurrido desde el retorno del PRI al poder el 1 de Diciembre de 2012. Hasta ahora no sabiamos cual podría ser la estrategia contrainsurgente del gobierno priísta, pero estos hechos nos hacen pensar en la intención de un nuevo recrudecimiento de la violencia paramilitar por parte del Gobierno Federal.

b) El ataque fue coordinado por líderes de 3 partidos políticos (PAN, PRI y PVEM) lo cual implica un nivel de planeación al menos a nivel estatal.

c) La víctima fue atacada con planificación por un grupo bien preparado y en una acción que culminó con la colocacion del cuerpo en la puerta del “caracol”, (centro político zapatista) en clara señal de advertencia.

d) Las personas que ejecutaron la acción pertenecen a una organización campesina (CIOAC-Histórica) que hasta la fecha no había actuado armadamente, lo que nos lleva a pensar en la gestación de un nuevo grupo paramilitar en territorio zapatista.

El momento actual que se vive en la Selva Lacandona es sumamente delicado, un incremento del paramilitarismo en territorio zapatista podría tener consecuencia desastrosas. No olvidemos que aunque los zapatistas hace años que abandonaron la lucha armada, no se ha realizado ningún desarme. Su estrategia desde el 12 de Enero de 1994 ha consistido en la construcción pacifica de la autonomía indígena, es decir la construcción de sistemas de salud, educación y autogobierno gestionados por los pueblos indíegenas sin la intervención de partidos políticos ni instituciones públicas. Frente a esto una vuelta al paramilitarismo más sangriento no sólo es aberrante, es peligroso.

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