Leer “Podemos” en plural

Patricia Manrique.
| 14.06.2014

En las actuales coordenadas, pésimas para una inmensa mayoría, no queda otra que todos y todas trabajemos, en la medida de nuestras posibilidades –en nuestros trabajos, barrios, pueblos, vidas…-, por estar despiertas, activas, informadas. No va a haber acontecimiento único que solucione de un plumazo la catarata de retrocesos en nuestras condiciones, no se puede confiar un cambio en esta tendencia a despojarnos de todo a un gesto único. Ya lo siento. Ni Podemos, ni un cambio en las metodologías de trabajo en los partidos, ni un superman parlamentario podrían cambiar nuestra realidad de un plumazo. Tenemos trabajo que hacer entre todos y todas si queremos subvertir este (des)orden que nos roba la vida, la ilusión, la paz, la esperanza. No es trabajo de cuatro sino de multitud.

Por eso, me preocupan interpretaciones como la de mi amigo Javier Lezaola en Enfocant de que Podemos, esperanza para una masa significativa de gente, sea leída como “la criatura política de Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón y Pablo Iglesias, gestada con la inestimable colaboración de los troskos de Izquierda Anticapitalista y promocionada insistentemente por algún que otro emporio mediático”, por más que intente ir un poco más allá. Vuelta a la historia de los listos y listas con la solución para el resto, vuelta al mundo de las ideas luminosas que guían a la humanidad, esa que oscurece la labor –imprescindible- de pico y pala de quienes cambian la historia, a saber, los pueblos, la gente. Iglesias y el equipo de arranque de Podemos saben bien el valor de los movimientos, el papel fundamental de la gente en su propuesta, independientemente del éxito que se alcance en canalizar ese fundamental activo. No recogen (sólo) un malestar, recogen también una actividad espectacular y a menudo poco visible. Las gafas viejas y estropeadas para ver el mundo que sólo entienden un panorama político globalizador y globalizado que está llamado a quedar atrás, no acaban de ver los cambios significativos que ponen en su centro a la gente,  que hacen que sus parámetros de análisis estén gastados… y resulten no sólo inoperantes, sino desmovilizadores.

Estamos en un barco que exige la aportación de todas y cada una de las personas que en él viajan… o en su defecto, las más que se puedan. No es un tema (sólo) de ‘justicia’, ‘democracia’ o ‘participación’, es un tema de urgencia y eficacia. Por eso, es importante destacar que, pese  a los evidentes embistes, avanza la gente, avanzamos todos y todas, crecemos y se multiplica la inteligencia de nuestras respuestas. Somos mucho más espabiladas y activas que hace cinco años. La sociedad civil despierta no ha dejado de crecer en cantidad y calidades, y eso tiene un valor incalculable que explica, creo, mucho mejor que la ingeniería de una mente privilegiada que esboza una potente hoja de ruta, acontecimientos como el triunfo de Podemos en las elecciones europeas. Es una cuestión de enfoque que no es baladí.

Los esfuerzos que mucha gente está haciendo desde hace años, esfuerzos por informarse e informar, por salir a la calle, por cuestionar el (des)orden normalizado, por encontrar formas de organizarse… van dando sus frutos.  A menudo desde la precariedad, improvisados, en acción, pero los dan. Y es que sólo desde un escenario de rica variedad y cantidad de procesos y proyectos de la sociedad civil, de mentes que bullen y agitan y cuestionan ese desorden, se puede entender que Pablo Iglesias  no haya parecido un marciano al aterrizar en los medios de comunicación masivos. Ha sido el mantillo de los movimientos, de la gente –no necesariamente organizada- despierta que se mueve, da igual si en una dirección o en miles, del clima generado en buena aparte por el 15M, lo que ha hecho posible el triunfo de la propuesta electoral de Podemos.

Por ello, Podemos sólo puede ser una herramienta útil si se nutre de una sociedad civil despierta, que permita  trabajar desde ‘fuera’ y desde ‘dentro’, desde más y más flancos cada vez, multiplicando  estrategias, avanzando en varias direcciones porque la solución a  lo que ocurre no es simple, ni se le va a ocurrir solito a ningún iluminado o iluminada. Las soluciones serán gestadas colectivamente o todo cambiará para que todo permanezca igual. Y sólo una comunidad de comunidades, que saben los que necesitan, podrá esbozar una solución adecuada. Para que el mensaje de justicia social y económica, de democracia y de cuestionamiento del Régimen, que al fin llega a un público masivo gracias a  Pablo Iglesias, no se quede en un mensaje simplista y emocionalmente potente que provoque adhesiones advenedizas y se consuma en el fuego del presente, es vital que la sociedad civil, la del pico y pala del cambio, continúe trabajando para marcar la agenda, su agenda, nuestra agenda… y la de Podemos. La democracia no encuentra su raíz sólo en una cuestión de justicia, libertad e igualdad sino, sobre todo, de eficiencia: la inteligencia es mayor y con más texturas y potencialidades si es colectiva.

Por mucho que Iglesias sea un excelente comunicador y salga en la televisión, su mensaje llega porque hoy día quien más o quien menos tiene en sus alrededores a una persona crítica, en mayor o menor grado, hoy mucho mejor considerada socialmente, a quien ya no queda más remedio que escuchar, una persona que cuestiona el statu quo y hace que se lo cuestionen, aunque a menudo no lo confiesen, los suyos. Eso es avanzar, ya lo creo. Y decían que no valía de nada, que era etéreo. En fin.

En Cantabria disponemos a día de hoy , al menos, de Plataforma de afectados por la hipoteca, Afectados por las preferentes, Asambleas contra el fracking, de defensa de las libertades, grupo de trabajo sobre Renta básica, espacios de intercambio de libros, actividades e ideas, grupos ecologistas y ambientalistas, medios de comunicación  independientes, mareas , proyectos de solidaridad internacionalista , redes de colectivos, bloques ciudadanos, colectivos juveniles, grupos de consumo, redes de don y trueque, huertas colectivas, asociaciones culturales, colectivos vecinales independizados del bipartidismo… Igualito que hace unos años… Esto no es simple malestar. No se trata de grandes colectivos estables, ni de megaproyectos políticos de masas, sino de agregaciones, a veces temporales, de personas individuales que, día a día, se van sumando y aprendiendo a ser críticos con sus condiciones de vida.

Con Podemos, se abre una nueva oportunidad, la del trabajo desde ‘dentro’, que, no obstante, no puede –ni, al parecer, quiere- suplantar el trabajo desde los movimientos, de la gente. Si Podemos entra en las instituciones, si barre en las municipales –esperemos que en confluencia con interesantes proyectos municipalistas que ya están trabajando en la línea adecuada-  y lo remata en las generales, necesitará de una sociedad civil crítica, activa e informada que le sirva de brújula. Si no queremos que vuelva a ser un partido de dirigentes aislados de la gente, que nadie lo vuelva a considerar  “la criatura política de Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón y Pablo Iglesias, gestada con la inestimable colaboración de los troskos de Izquierda Anticapitalista y promocionada insistentemente por algún que otro emporio mediático” y que toda la responsabilidad caiga sobre unos pocos, mejores o peores, pero pocos, ante todo deberemos contribuir a lo que pueda hacer. Sin sociedad civil activa, -siempre en la medida de las posibilidades de cada cual, no se pueden exigir esfuerzos insostenibles-, no hay salida. No nos queda otra que seguir despiertas.

Territorio: