Larregión

Javier Lezaola
| 12.02.2010

"Ya no sé si vivo en Cantabria o en un sitio que se llama La región”, me comentó un amigo hace unos años. “Vivimos en Larregión, todo junto y con dos erres”, le apunté.

Bromas aparte, poco han cambiado las cosas –a mejor, quiero decir- desde entonces. Y es que se habla poco de Cantabria, en comparación con todo lo que se habla de la región. Pero ¿por qué?

En el Derecho internacional, las regiones vienen a ser geográficas. Por ejemplo, la Península Ibérica o el Cono Sur. No es el caso.

En los Derechos internos, las regiones vienen a ser “cada una de las grandes divisiones territoriales de una nación, definida por características geográficas e histórico-sociales, y que puede dividirse a su vez en provincias, departamentos, etcétera”, por utilizar la definición de la RAE. Caliente, caliente. ¿Para qué nos vamos a definir como un algo, pudiéndonos definir como parte de otro algo? A eso se le llama personalidad...

Según el artículo 1 del Estatuto de Autonomía –que es el que determina lo que es oficialmente Cantabria-, “Cantabria, como comunidad histórica, para ejercer su derecho al autogobierno reconocido constitucionalmente, se constituye en Comunidad Autónoma de acuerdo con la Constitución y el presente Estatuto, que es su norma institucional básica”.

Es decir que Cantabria, como comunidad histórica, se constituye en comunidad autónoma. Comunidad histórica o comunidad autónoma pero, con el Estatuto en la mano, no hay región que valga.

Sí habla de regiones el artículo 2 de la Constitución Española, que determina que “la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.

En fin, que el Estatuto, al menos para ciertas cosas, sigue estando de adorno.

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