Kukutza: aire acondicionado por aire fresco

Gabirel Ezkurdia
| 24.09.2011

kukutzaEn estos tiempos de zozobra sistémica, en los que la decadencia de los pilares del Sistema es tan evidente, toda posible alternativa que esté fuera de control del propio Sistema tenderá a ser neutralizada. Son tiempos en los que el propio Sistema, impotente ante su deriva, genera los suficientes estímulos como para que toda crítica a éste se vaya expandiendo e interiorizando en sectores cada vez más amplios. Es la decadencia del Imperio del dólar.

En ese contexto Euskal Herria es también un ámbito diferenciado paradigmático en el que desde hace décadas se ha vertebrado un referencia alternativa basada en la ocupación, la autogestión y el desarrollo de la cultura participativa y popular que por su fortaleza e implantación no ha podido ser erradicada ni asimilada por el Sistema.

Los intentos de neutralización física de los gaztetxeak en Euskal Herria no son nada nuevo. Han sido muchos locales los que han sido destruidos físicamente, pero la impronta social que ha generado su actividad ha sido definitiva y así el movimiento pervive en el tiempo en forma de nuevas ocupaciones. Por eso, generación tras generación la juventud vasca ha sido capaz de articular espacios alternativos de poder popular que han cuestionado desde la autogestión toda la oferta de consumo cultural oficial.

Kukutza III ha sido el último episodio desesperado por enderezar una situación insoportable para el Sistema. Pocos gaztetxeak han evolucionado tanto y han sido tan populares como para llegar a ser un centro cultural integral urbano, el “Pompidou” de Bilbao. Y su éxito deviene de su transversalidad. Sí exacto, como bien decía Imaz, aunque erraba en el contenido, la transversalidad es el eje sobre el que se ha de construir todo proyecto que pretenda ser democrático y por ende mayoritario. Kukutza en su inmensa pequeñez ha sido el pequeño paradigma de lo que es un proyecto transversal en el que vecinas y vecinos de toda edad, idea o condición daban vida a una iniciativa horizontal, basada en la democracia directa, autogestionada, voluntaria y por tanto soberana. Las instalaciones, los programas, el desinterés, la solidaridad y sobre todo el compartir sin más objeto que el de aprender y disfrutar han sido tan ejemplares, que ningún Sistema de orden, como el que representa el alcalde bilbaíno o el consejero de interior, podían entender sino como afrenta este oasis fuera de su control, y por lo tanto permitir el contraste entre lo que Kukutza daba y reflejaba desde el desinterés y lo que ellos con millones del erario público son capaces de hacer, gestionar y ofrecer en base al interés espurio. Es el abismo entre cultura participativa y popular versus oferta de paquetes culturales de pago para elites. Optar entre respirar aire fresco o aire acondicionado.

Unos políticos con verdadera vocación de servicio social deberían haber protegido Kukutza de los especuladores, hay miles de ejemplos de expropiaciones decretadas en el nombre del bien común, pero no es el caso. No es una “infraestructura estratégica” de cuya construcción se benefician “los del entorno” del poder. Y aunque los últimos tiempos han sido nítidos de cara relacionar política con especulación y negocio, destruir físicamente el gaztetxe no es solo por negocio, es por política. Kukutza evidenciaba de modo absoluto la incapacidad institucional por crear cultura participativa y sobre todo ponía en tela de juicio el inmenso mundo del mamoneo económico que hay tras las vacías palabras de los responsables políticos en relación a la cultura. En realidad es la visualización minimalista del mismo choque ideológico respecto a los valores y al modelo social que se da entre el movimiento popular y la derecha aranista tanto en el debate sobre el patrón festivo desde 1978 (txoznas, comparsas, fiestas de barrios...) como el decreto de ordenanza del espacio público etc.

La solidaridad es otro elemento que retrata el aislamiento del Sistema. Múltiples estamentos de la sociedad vasca han clamado a favor de Kukutza. Excepto la Banca, la Iglesia Católica, la policía y los políticos profesionales en el poder, podríamos decir que una mayoría heterodoxa e indiscutible ha apadrinado Kukutza. Vecinas, comerciantes, músicos, jóvenes, inmigrantes, necesitados, artistas, profesores, famosetes, futbolistas, bomberos, periodistas, ochomilistas, currelas, cocineros... Desde la izquierda abertzale a la junta local del PSOE de Rekalde... Un clamor transversal que contrasta con la miope minoría que defiende de modo totalitario este Sistema que tratan de legitimar torpemente balbuceando de modo insistente la falaz coletilla “respetemos las normas que entre todos nos hemos dado”.

Ese Sistema, en clara decadencia, sigue abusando de las rentas electorales y de la “paz social” que le han proporcionado años de premeditada narcotización colectiva y lobotomización ideológica, sin darse cuenta de que cada vez más gente está despertando y reencontrándose con una realidad que ningún pensamiento correcto y obligatorio puede virtualizar. La estima colectiva  crece, la conciencia de que es posible vivir de otra manera también, el hartazgo ante tanto doble rasero, palabra hueca y descaro es cada vez más amplio.

Los vecinos y vecinas de Rekalde y de todo Bilbao han visto la foto con nitidez. De los vacuos discursos municipales sobre el derecho a la propiedad privada y su santificación o los epítetos del agit-prop derechista para desprestigiar a los activistas que velaban por Kukutza, tomados del libro de estilo de Interlobotomía, se ha pasado en un pis-pas al uso desproporcionado de la fuerza violenta, unilateral e indiscriminada de impunes embozados armados hasta los dientes al “servicio de la ley” que en cada momento sea vigente. Está claro había prisa por tirar Kukutza, la ola crecía demasiado.

Son duros tiempos de esperanza. La desproporción e inusitada prisa de las medidas paramilitares y de derribo, y la flagrante hipocresía de la autoridad competente demuestran que han perdido la batalla política. Bilbao tiene muchos más y mayores problemas prioritarios que el cierre de Kukutza... pero eso les da igual... Kukutza es el paradigma de un Bilbao que no cuadra con la foto chirene y burguesa que Azkuna vende, y ya se sabe, aunque sea bueno, bonito y barato, si no lo controlan, lo destruyen.

Han roto las ventanas para tapiarlas y subcontratar aire acondicionado obligatorio, pero no se dan cuenta de que hace años que la mayoría prefiere abrir las ventanas y respirar aire fresco y libre.

Kukutza IV ha nacido ya, el tsunami popular es imparable.

 

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