Fomentar la soberanía alimentaria "desde abajo"

Patricia Manrique (CNSV)
| 01.06.2013

soberana_alimentariuCuando hace ya algo más de dos años, un grupo de personas de muy diversas características nos juntamos para pensar en esta red de personas y colectivos que es hoy Cantabria No se Vende (CNSV), la soberanía alimentaria fue, desde el principio, una de las líneas de trabajo que suscitó más consenso. Cada vez somos más conscientes de que, por nuestro bien y el de las generaciones venideras, necesitamos producir y comer de lo nuestro, aplicando estrategias de producción, distribución y consumo que refuercen lo local, y que frenen la dependencia de los intereses de una industria agroalimentaria que para nada tiene en cuenta la sostenibilidad de la vida, que no asegura condiciones de vida y trabajo justas, y que fomenta un modelo de consumismo irresponsable, monopolizado por unas pocas empresas que anteponen intereses privados y empresariales a las necesidades comunitarias.

Si queremos que nuestras comunidades pervivan, que se reproduzca la vida, que no mueran nuestros pueblos y nuestras ciudades no acaben siendo nichos insostenibles e idénticos los unos a los otros, debemos relocalizar nuestros hábitos de vida. Atender al territorio en que habitamos, en nuestro caso Cantabria, y construir modelos de vida que lo gestionen de modo ecológico en un sentido pleno, garantizando la pervivencia del patrimonio natural y las condiciones de vida de la población a largo plazo. Para ello, hacen falta pueblos vivos, campesinos y campesinas que produzcan alimentos para nuestra comunidad, y que gestionen con sus saberes acumulados la base de nuestra supervivencia, produciendo y consumiendo alimentos de proximidad, agroecológicos, de temporada, adecuados culturalmente, etc.

Comienzan a proliferar los grupos de consumo, gente que se junta para gestionar en común su cesta de la compra, sobre todo en las ciudades, conectando a productores y consumidores que se ayudan mutuamente a satisfacer sus necesidades. En Santander ya hay al menos tres. Este tipo de grupos priorizan productores con negocios agroecológicos pequeños, que produzcan en condiciones de trabajo justas, y que estén ubicados en Cantabria. También es importante que crezca la conciencia de que comprar en pequeños comercios y adquirir variedades locales, ya sea en fruta, verdura, carne, pescado o productos elaborados, fomenta un modelo económico de dimensiones humanas, opuesto al capitalismo global que tan dañino ha resultado para las personas. Experiencias como la tienda de venta directa Arco, en Torrelavega, nos parecen un modelo de negocio que debe proliferar, recortando las posibilidades de especulación, y devolviendo al comercio una dimensión local y humana. Necesitamos tejer, con esta nueva visión, redes entre pueblos y comarcas, y entre productores y consumidores, para contribuir a la sostenibilidad de esta maravillosa tierra en la tenemos la fortuna de vivir. Para contribuir a esas redes trabajamos en CNSV.

A estas alturas de esa gran estafa que llaman “crisis”, mientras crece la pobreza de la inmensa mayoría para que los ricos se garanticen nuevos nichos de mercado en ámbitos que antes consideramos “sagrados” (pensiones, Educación, Sanidad...), gran parte de la población ha comprendido que las soluciones no van a llegar “de arriba”. El Estado, aliado con los poderes económicos, no parece capaz de garantizar la vida de las personas, sino el beneficio de los grandes capitales. Hoy sabemos que “Europa” ha significado el desmantelamiento progresivo de nuestro sector primario, ahogado por políticas como la PAC, que desde luego no son diseñadas por quien vive y conoce los territorios. Por eso, son tan importantes las iniciativas desde abajo, que generen nuevos referentes para la gestión de los recursos. Necesitamos organizarnos, recuperar la consciencia de que somos una comunidad, crear unabase social. Eso es lo que pretende CNSV.

El futuro ha de llegar de la sociedad civil, de nosotros y nosotras. Necesitamos recuperar nuestra capacidad de ser soberanos, en general. Y parece importante y necesario recordar, más con la que está cayendo, una idea muy sencilla: solos y solas no podemos, con vecinos y vecinas, sí

 

[Artículo aparecido en el número 18 de la revista Campo Vivo, del sindicato UGAM-COAG]

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