A los compañeros del PCPE: Que surjan las ideas

José María Gruber
| 17.09.2014

[Contrarréplica a PCPE y CJC ante el llamamiento a la unidad electoral]

Deseo y agradezco todo tipo de críticas, comentarios y aportaciones a los planteamientos que estoy haciendo. Pero lo que realmente deseo es que el debate se abra, que no sea un diálogo de cada uno a solas conmigo. De ninguna manera deseo tener más protagonismo del que me está acarreando la idea puesta en marcha. Preferiría no haber tenido ninguno. Pero alguien tenía que dar el primer paso.

Por lo mismo, no se trata de que sea sólo yo quien conteste. No obstante, porque el PCPE  adelantáis que no vais a participar en lo que propongo, y porque vuestra respuesta plantea cuestiones de fondo, y lo hacéis públicamente, es por lo que, también, públicamente, creo necesario contestar. Y lo voy a hacer basándome, fundamentalmente, en mis conocimientos y mi experiencia política, que no elevo a categoría, porque no dejará de ser una experiencia individual. Y lo voy a hacer en términos que vosotros comprenderéis fácilmente.

Milité, varios años, en un partido que se definía como marxista-leninista, y que se autoproclamaba como “el partido de la clase obrera que defiende los intereses de todo el pueblo” (ORT). La historia demostró que, en todo caso, no era más que “un” partido de clase obrera que “pretendía” defender los intereses de todo el pueblo. De esa experiencia aprendí mucho.

Al margen de esa precisión conceptual, lo que, sin duda, marcó la existencia, evolución y desaparición de la ORT fue su estrategia. Después de luchar denodadamente a favor de la ruptura con el régimen franquista, y de denunciar abiertamente el revisionismo del PCE de Carrillo, se “sintió obligado a entrar” en el sistema de la Transición del 78, y optó, generosa y decididamente, por la vía electoral, pegándose el gran hostión, y pagando sus consecuencias, hasta asumir su desaparición como algo inevitable. No comprendió que la ruptura no podía ser total, ni que la adopción del sistema electoral le iba a traer el apoyo masivo de la clase obrera. No supo medir las consecuencias de su cambio de estrategia. Y sucumbió. No aprendió de su maestro Lenin a valorar las circunstancias.

Y, todo esto, ocurrió años antes de que el PCPE siquiera hubiera nacido.

Dejo, por adelantado que, para mí, Lenin es uno de los políticos más importantes del s.XX, un gran estratega, un filósofo de la acción y un marxista fundamental.

Lenin, después de defender a brazo partido la tesis de que la revolución sólo la podía dirigir el partido de vanguardia, de la noche a la mañana, y para sorpresa de todos, levantó la consigna de “todo el poder a los soviets”. El giro era de 180º. Y no había en él contradicción. El partido fuertemente organizado seguía siendo fundamental, pero los soviets estaban cogiendo fuerza, recibiendo, cada vez, más apoyo de las masas, masas que no eran necesariamente revolucionarias, en el sentido de que reclamasen la revolución. Pero las masas apoyaban los soviets que, por cierto, tampoco eran revolucionarios. Lenin vio muy claro que las revoluciones no las hacen los partidos y que sin un apoyo amplio de las masas la revolución no era posible. Y vio, en la organización de los soviets, el instrumento  más adecuado, en aquél momento, para que las masas tomasen conciencia de la necesidad de la revolución. Fueron múltiples las ocasiones en que Lenin, huyendo de toda rigidez dogmática, supo actuar dialécticamente, políticamente, adaptando la estrategia a las circunstancias para llevar la revolución adelante. Son muchos los escritos en que alerta de los dogmatismos de izquierda, a los que llega a calificar de enfermedad. El “Qué hacer”, “Las dos tácticas de la socialdemocracia”, “El estado y la revolución”, “Las tesis de abril”... y “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo” son, para mí, entre otros, algunos de sus escritos más representativos en cuanto a la estrategia revolucionaria se refiere. A Lenin hay que leerlo directamente y no a través de manuales o comentaristas.

Siento mucho respeto y admiración por el trabajo que hacéis los compañeros del PCPE de Torrelavega (que es lo que conozco) y lo valoro. Pero, en mi modesta opinión, necesitáis analizar, con más detalle, “la situación concreta, en el momento concreto” (como diría Lenin), para sacar conclusiones concretas que os ayuden a desarrollar y fundamentar vuestra estrategia revolucionaria. Es, como digo, una modesta opinión. Sólo así se pueden entender frases vuestras como “sólo (el subrayado es mío) la organización en cada centro de trabajo y en cada barrio puede ser la base para construir el poder obrero y popular”.

Toda consigna representa un objetivo: “todo el poder a los soviets”, “proletarios del mundo uníos”, “poder popular”... Las suscribo todas. Pero toda consigna debe llevar consigo una estrategia y una táctica que las haga posibles. Repetir una consigna, sin más, no acerca los objetivos. Y, cuando uno, después de repetir y repetir una consigna, ve que sus apoyos no aumentan, tendrá que preguntarse si la acción que acompaña a sus consignas es la adecuada o no.

Revolución y Reformas no son contradictorias, como lo son la lucha en la calle y la lucha en las instituciones. De hecho, todas las revolucio nes (porquemás allá de la toma del poder, las revoluciones hay que construirlas), se han construido a base de reformas, algunas radicales y otras más superficiales, pero siempre teniendo la comprensión y el apoyo de amplias mayorías. Tampoco el camino hacia la revolución está reñido con la participación electoral, incluso si el sistema electoral está conformado para “gestionar el capitalismo”. También de esto está llena la historia de las revoluciones. No siempre la clase obrera tiene los elementos necesarios para ejercer libremente el poder popular y tiene que aprovechar los resquicios que el capitalismo deja inevitablemente abiertos, porque también en el capitalismo hay contradicciones.

Las limitaciones del trabajo institucional las conocemos todos los que, alguna vez, lo hemos desarrollado. ACPT es consciente de ello y tiene pensado volver a participar en las próximas elecciones. ¿Dejará, por eso, de ser Unidad Popular? Está claro que su trabajo no se limita a la acción institucional, pero, de igual manera, creo que la mayor cuota de “su” poder popular se deriva de esa labor institucional. Poner ejemplos de lo que no podrá hacer nunca un partido en un ayuntamiento, dadas las limitadas actuales competecias legales de la institución, es llevar el debate al absurdo. Todos sabemos de esas limitaciones. Lo que no es absurdo es valorar como muy positivo lo que está haciendo ACPT, dadas sus limitadas fuerzas y el marco legal en que se mueve.

Supongo que ACPT valorará vuestra participación (la de vuestros militantes) en su seno (que yo desconozco cómo y cuánta es), pero esa participación es una muestra, por vuestra parte, o de oportunismo (que se que no) o, más bien,  de planteamiento dialéctico (leninista). Estoy convencido  que es esto último. Pero no dejará de estar en contradicción con las razones que empleáis para rechazar vuestra participación en la unidad que propongo.

Posiblemente, vuestro rechazo provenga de que interpretáis que “lo que se pretende es hacer borrón y cuenta nueva con quienes han tenido posiciones claudicantes”. Esas son cnclusiones gratuitas por vuestra parte. No, la propuesta no pretende eso. La propuesta no es más que una sugerencia y se basa en que hay mucha gente descontenta y que está perdiendo el miedo a salir de casa. Lo que no podemos permitir es que esa gente dispuesta a participar y defender sus derechos vaya detrás del primero que la embelese y, menos aún, que salga decepcionada. Es nuestra responsabilidad. Precisamente, lo que se pretende es que a quienes tienen la boca llena de palabrería de unidad, alguien les plantee el reto de atreverse a decir que no, cuando se les abre una puerta clara para llegar a esa unidad. Más allá de criticarlos abiertamente, lo que se pretende es que todo dios se retrate. Y que la gente lo vea.

Me cuento entre quienes creen que “la representación en las instituciones, sin lucha en la calle, sólo sirve para gestionar el capitalismo”. Soy de los que creen en la democracia asamblearia y aplaudo que ACPT funcione asambleariamente, pero no creo que ACPT sea el único espacio de unidad para quienes quieran luchar. Estoy seguro que ACPT tampoco lo cree. Conseguir que la ilusión de la gente se traduzca en compromiso y no se quede en un mero votar, cada cuatro años, es el objetivo principal, aunque hay otros muchos (que estaría dispuesto a desarrollar en otro ámbito).

Todos los peligros que véis los vemos otros también. Pero la valentía de los revolucionarios se demuestra asumiendo riesgos, enfrentando ideas, comprometiéndose en el trabajo. Todos los objetivos de largo alcance que planteáis, nos los planteamos otros también. Lo que, de verdad, hace falta es voluntad de ser más, de ser muchos y muchas, de no contentarse con lo que uno tiene (ambición que falta hoy en muchos revolucionarios), sino que, además, hay que dotarse de una política adecuada. Quizá no para ganar, de momento, pero sí para acumular fuerzas y llegar a poder vencer. Uno no puede dejar de intentarlo porque se imagine lo que va a ocurrir.

Si no cambiáis de opinión respecto a mi propuesta (cosa que desearía), creo que no tiene sentido seguir debatiendo en torno a la misma, pero espero que, en otros ámbitos, podamos seguir haciéndolo. Yo estoy abierto a ello.

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