Reflejar las distintas identidades políticas... enriquece

Diegu San Gabriel López
| 30.01.2015

A colación de la propuesta de confluencia para Cantabria, en la que sigo trabajando inasequible al desaliento, quería reflexionar acerca de la diferencia entre quienes defienden la identidad de izquierdas y quienes apuestan por una identidad transversal, que me parece la última ocurrencia que hemos tenido para mantener esa apasionante costumbre (tan cántabra como izquierdista) que tenemos de desunirnos.

En realidad, y corregidme si me equivoco, es más una cuestión de forma que de fondo. Quiero decir, el programa de Podemos no está a la derecha de los de otras formaciones que se dicen de izquierdas. Por lo tanto, no estamos tanto ante una cuestión ideológica, de principio o planteamiento, como táctica, de discurso y estética.

Cierto es, como se ha venido planteando, que en política 3+2 no son siempre 5, y que una "sopa de siglas" puede restar apoyos, mientras que presentarse por separado puede ayudar a ocupar mayor horquilla. Lo que ocurre es que el sistema electoral penaliza duramente concurrir desunidos, minorizando en aplicación de la Ley d'Hont e invisibilizando opciones por debajo de los 15.000 votos.

Así las cosas, me parece que la mejor solución para esa tensión sería... mantenerla. Como defienden sectores dirigentes de Podemos, y demuestra la historia del ascenso de los fascismos, a través del transversalismo y la no adscripción en el eje ideológico se puede llegar a gentes de todo el arco, favoreciendo la construcción de nuevas mayorías. Pero como también se apuntaba estos días a raíz de la victoria de la "Coalición de la Izquierda Radical - Syriza" y las desafortunadas declaraciones del Secretario General de Podemos en Madrid sobre la familia Botín, la negación de la identidad de izquierda, junto a una percepción no siempre respetuosa hacia los colectivos sociales y políticos preexistentes, están haciendo perder apoyo en la izquierda sociológica, que según todas las encuestas es mayoritaria en este país, y según mi opinión tiene una experiencia que aportar para vencer. Estamos un poco ante la paradoja de la manta corta, en la que taparse la cabeza implica dejar enfriar los pies y viceversa.

¿Cuál puede ser la solución para superar esta diferencia en un proceso de confluencia, o mejor, en un proceso de conformación de un bloque popular que permita al pueblo gobernar las instituciones? Pues valorar la diversidad que tenemos, acordando unos mínimos (cosa sencilla si se comprende el concepto) y dejando que a partir de ahí se reflejen las distintas identidades de los movimientos sociales. Es una táctica muy común y supongo que tenga un nombre. A su manera, es lo que hace el PP cuando una personalidad pone la nota discordante en lo progresista (aquel Gallardón en CQC), en lo ultraderechista (los desmarques de Espe) o en contra de la Ley del Aborto (Villalobos): tratar de mantener un hilo con el máximo electorado posible, que seguirá viendo a quien le represente. Sería conveniente que, sin perder la centralidad del eje discursivo común del pueblo organizado para gobernar las instituciones de la casta, haya sectores que reflejen lo que en el simbolismo político ha dado en una variedad cromática: socialismo rojo, feminismo morado, cantabrismo granate, ecologismo verde, horizontalismo negro, mareas, etc.

Al final, en la práctica, las diferencias, que en lo programático concreto no son tantas, se pueden y se deben resolver en concejo, como marca nuestra tradición asamblearia y nuestros principios democráticos. Pero ese compatibilizar y retroalimentar la identidad de la nueva política ciudadanista con las identidades de los movimientos sociales arraigados, es la única que en Cantabria puede activar, ilusionar, amalgamar y favorecer una nueva mayoría que gobierne por el pueblo y para el pueblo.

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