Cultura erige un monumento al invasor de la Cantabria Antigua

Diegu San Gabriel
| 17.06.2007

colonderribadoEl pasado sábado 16 de Junio, inmerso en el periodo de exámenes de la Licenciatura de Historia, me asomaba a su periódico buscando un paréntesis de asueto. Lamentablemente no pude hallar el merecido descanso, al sobresaltarme con la noticia de que Marco Agrippa había "conquistado una rotonda" en el cántabro valle de Buelna. Al parecer, la Consejería de Cultura del Gobierno, ha tenido a bien ordenar erigir una "estatua ecuestre en mármol de Carrara" al responsable militar de la última fase de conquista de la Cantabria antigua, a manos de la potencia imperialista del momento: Roma.

Mientras otros pueblos (amerindios, canarios...) se alzan contra la simbología colonial que conmemora los genocidios contra ellos cometidos, en el año 2007 un consejero regionalista de un gobierno cántabro autonómico, erige una estatua en honor a Agrippa, principal artífice de que perdiéramos nuestra libertad hace ya dos milenios, a través de una conquista que las fuentes describen tan cruel, brutal y ardua, que el propio general romano rechazó el triunfo y los honores que Augusto solicitó para él. Pero el señor Marcano ha debido pensar que aún no era tarde para resarcirle, mostrándole, al más puro estilo de mentalidad colonial, el agradecimiento de este pueblo por, suponemos, introducirnos en el latin y las calzadas -antecedentes del castellano, las autovías y trenes de alta velocidad-, de esa Roma "civilizada" que amputaba extremidades, crucificaba y esclavizaba al pueblo indígena que en estas tierras encontró.

Si como parece, el objetivo es convertir Cantabria en un gran parque turístico-temático, ya puestos, recomendamos desde aquí el impulso de un "Itinerario Cántabro de los Honores Merecidos", con salida junto a otra estatua ecuestre en la Plaza del Ayuntamiento de Santander y llegada al monumento a la otra legión italiana que dos mil años después entró por el Puerto del Escudo, no sin antes visitar obras de arte como la dedicada a Carrero Blanco en Santoña o esta nueva adquisición en Corrales de Buelna, trasladable por otra parte al nuevo Parque de Las Llamas, como culmen de diseño y respeto a nuestra identidad.

Y es que algunos somos conscientes del proceso -quizá irreversible- de disolución en la historia en el que se encuentra el Pueblo Cántabro. Nuestro patrimonio lingüístico se muere, el cultural se mercantiliza y el natural se destruye. Pero pocas veces habíamos encontrado una demostración tan gráfica, tan palpable, de indignidad histórica.