La salida islandesa de la crisis no será televisada

Redacción
| 22.03.2011

Lrevolucion-islandia-tituloa crisis capitalista golpeó duramente al sistema económico islandés, situando al país nórdico al borde de la quiebra. Tras una importante movilización paisana, han conseguido tumbar al gobierno, exigir el encarcelamiento de los responsables, cuestionar la obligatoriedad de hacer frente a las deudas de los bancos y promover una asamblea popular para redactar una nueva constitución. Hoy la República de Islandia está empezando a salir de la crisis y del modelo electivo representativo-liberal, pero no del silencio mediático que ha rodeado lo que algunos consideran “toda una revolución pacífica”.

Un poco de historia

La política neoliberal de desregulación financiera y la especulación bancaria situaron en 2008 al Estado Islandés al borde de la quiebra. Los precios, el déficit y el paro se dispararon, la corona islandesa cayó en picado y durante varios días se decretó un “corralito”, prohibiéndose el cambio de moneda nacional por extranjera para evitar la fuga de capitales. La bolsa tuvo que cerrar con una devaluación superior al 70%, el Estado nacionalizó –entre otros- el principal banco y tuvo que hacerse cargo de sus deudas.

Con el País casi en bancarrota, se suceden las manifestaciones frente al Parlamento. Son las más masivas en la isla del último medio siglo, obligando al primer ministro (Geir Haarde, actualmente encausado judicialmente por su negligencia durante la crisis) y su gobierno (Partido de la Independencia) a dimitir en bloque y convocar elecciones anticipadas. En estos comicios resultan derrotados, alzándose con el triunfo una coalición formada por el Partido Social-Demócrata y el Movimiento de Izquierda-Verde. Mientras agencias de calificación crediticia como Moody’s sitúan a Islandia “al borde del bono basura”, el nuevo gobierno elabora una ley que propone la devolución de la deuda a Reino Unido y Holanda (acreedores de los bancos que fueron nacionalizados) mediante el pago de más de 3.500 millones de euros a plazos durante 15 años con un interés del 5,5% (a cargo del contribuyente).

Esto hace resurgir las manifestaciones, exigiendo que se someta la ley a referéndum. En enero de 2010 el Jefe de Estado se niega a ratificarla y anuncia un plebiscito que vence la opción de no pagar la deuda con un 93% de los votos, aunque esto suponga una crisis política sin precedentes, la congelación de los préstamos internacionales y la paralización del ingreso en la UE. Mientras, el Gobierno impulsa una investigación para dictaminar judicialmente las posibles responsabilidades de la crisis, que se salda con el encausamiento de varios banqueros (que abandonan el país) y altos ejecutivos.

Más aún, en noviembre de 2010 se establece una “asamblea popular" de 25 personas sin afiliación política, elegidas de entre más de 500 candidatos. Se les encarga la redacción de una nueva constitución en sustitución de la actual basada en la carta magna danesa, más democrática y con más derechos, que presentarán con las recomendaciones consensuadas en distintas asambleas que se celebrarán en toda la República. El proyecto debería ser aprobado por el parlamento y se esperaba que pudiera ser votado en referéndum a lo largo de 2012, pero las últimas noticias que nos llegan hablan de una impugnación del proceso por la derecha alegando irregularidades técnicas, que lo deja en el aire.

Actualmente Islandia está empezando a recuperarse de la crisis. El no arrastrar la deuda que otros países como Irlanda sí han asumido le está permitiendo despegar más rápido. El gobierno anunció que pagará a partir de 2016, pero posteriormente ha anunciado un segundo referéndum para decidir si finalmente se paga la deuda de Icesave (uno de los bancos nacionalizados) con el R.U. y Holanda. El FMI está presionando, condicionando importantes ayudas a la devolución de esta deuda.

El ejemplo islandés en la crisis financiera y su apuesta por la democracia directa

Desde diversos medios contrainformativos y de izquierda se ha puesto de relieve el interés por silenciar esta experiencia histórica en Europa y la falta de libertad en el acceso a la información sobre la “revolución islandesa”, que si no lo es en el sentido de que las protestas populares han sido canalizadas a través de un proceso de reforma constitucional, sin duda puede considerarse tal el hecho de desembocar en una transformación popular profunda del sistema político y económico de la nación.

Probablemente el tema más polémico fue el rescate de la banca, que en EE.UU. o el Estado Español siquiera se cuestionó, a pesar de haber invertido mucho más dinero. En opinión de los analistas "el pueblo islandés, como señalan las encuestas, otorga un gran valor a su independencia, y la idea de depender del FMI o de cualquier otro acreedor extranjero causó un gran rechazo, más aún cuando la deuda fue contraída en realidad por los bancos y no por el Estado". Las movilizaciones llevaron a la nacionalización y el rechazo a pagar la deuda. “La diferencia es que, en Islandia, dejamos que los bancos quebrasen", señala el Presidente de la República de Islandia, Olafur R. Grimsson. "Se trataba de bancos privados, y no les inyectamos dinero para mantenerlos a flote; el Estado no compartió la responsabilidad del fracaso de los bancos privados"

Pero además de una distinta respuesta a la crisis económica (derrocamiento del gobierno, encarcelamiento de los responsables, nacionalización de la banca, negativa a pagar la deuda bancaria...) el proceso islandés supone, en opinión de un politólogo consultado “una transformación política de mayor calado, desde la democracia representativa liberal hacia la democracia participativa directa. Una nación de 331.000 habitantes, con un nivel cultural y de conciencia política bastante alto, ha roto con la unilateralidad institucional, creando un modelo constituyente asambleario al margen de los grandes partidos”.

Islandia y la Europa de los pueblos

Mientras se elabora una nueva Constitución, el Parlamento está legislando medidas de carácter progresista, como la llamada Iniciativa Islandesa Moderna para Medios de Comunicación (Icelandic Modern Media Initiative), un proyecto de ley que pretende crear un marco jurídico destinado a la protección de la libertad de información y de expresión en el país. Con el “caso Wikileaks” y la persecución estadounidense a Julian Assange de plena actualidad, se proponen crear un refugio seguro para el periodismo de investigación y la libertad de información donde se protejan fuentes, periodistas y proveedores de Internet que alojen información periodística.

Con el chantaje del pago de deuda de fondo y la población movilizada, Islandia negocia la entrada en la Unión Europea. Ya hay voces en el viejo continente que piden “la entrada de la Unión Europea en Islandia, porque esa sí sería la verdadera Europa de los pueblos”.

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