"Blanc bo busca negre pobre": una reflexión sobre el papel de las ONGs y su consideración social

Marcos M.R. Redacción
| 28.02.2013

La sociedad civil tiende a tener una visión positiva sobre las ONGs, mucho mejor que de la que, por ejemplo, gozan los partidos políticos o sindicatos. Una visión que, en demasiadas ocasiones, trasciende la positividad para convertirse en idílica sin pararse a analizar el sentido y el trabajo de estas organizaciones y en base a qué intereses actúan.

En su libro Blanc bo busca negre pobre, el antropólogo catalán Gustau Nerín, pretende desidealizar la opinión social respecto a estas organizaciones realizando una feroz crítica hacia el funcionamiento de las mismas, incluidos los cooperantes y los voluntarios, aunque dejando claro desde un principio que su intención no es señalarlos, ya que “entre ellos hay personas competentes y generosas, así como incompetentes y malévolas, como en cualquier profesión”.

En su trabajo, Nerín Define a cooperación al desarrollo en África como “la historia de un fracaso”. Expone los motivos que le llevan a realizar tan tajante afirmación, y también las razones por las que la perspectiva desde la que el pueblo suele mirar a las ONG está bastante edulcorada e idealizada.

Para el antropólogo, lo que verdaderamente les importa a las ONG es la cooperación, no el desarrollo. El afán de hacer algo, lo que sea, sin parar a analizar la viabilidad o rentabilidad social de los proyectos emprendidos. Así, situaciones como por ejemplo ordenadores inútiles por la falta de electricidad, vacunas deterioradas por no haber sistemas de refrigeración, guarderías en ruinas sin niños se dan en exceso.

Asímismo, afirma que, habitualmente, los donantes están solamente interesados en conocer si se llevan a cabo los proyectos anunciados por las ONG, sin importarles lo efectivos y prácticos que puedan resultar.

Además, para Nerín, las ONGs compiten “salvajemente” entre ellas con el objetivo de captar fondos. Para lograr su objetivo, recurren una publicidad impactante en lo emocional mostrando imágenes de pobreza y devastación de los países africanos,  trasladando  la idea de que los habitantes de aquellos países son incompetentes para  gestionar y afrontar sus propios problemas y que, por lo tanto, necesitan la ayuda de los países ricos para subsistir.

Esta publicidad, según el autor del libro, encubre voluntariamente cualquier referencia a la expoliación de los países del sur por parte de los países desarrollados. Para él, esto genera que en los estados occidententales la cooperación cause mucha “autocomplacencia”, tanto en los donantes como en los que simplemente lo ven en los anuncios. Para el antropólogo, ambos se sienten “orgullosos” de la obra de las ONG y “por lo general no están nada avergonzados de la política exterior de sus países de origen”.