Ludovico: “Los hombres hetero han territorializado el rap… sería interesante una desterritorialización por parte de las tías y el LGTB”

Adrián G. Gómez
| 03.05.2014

Daniel Delgado, joven rapero afincado en Ojaiz, tiene una larga trayectoria bajo el pseudónimo de Fras. Actualmente, se encuentra inmerso en un grupo en el que lanza sus letras sobre instrumentales tocadas por una banda de músicos: Ludovico y los Acefálos. Tienen ya dos trabajos publicados y ¡quién sabe donde ha marcado su meta esta gente!

ENFOCANT: ¿Qué lugar ocupa el rap en tu vida? 

LUDOVICO: Creo que es algo obsesivo. Sí, de algún modo cumple el cuadro clínico de la obsesión: ocupa mis pensamientos persistentemente, es de algún modo algo más impulsivo que racional, y me preocupa realizarlo con mimo y detalle. No me cansa. Es como si tuviese en el centro del cuerpo un agujero de rap que nunca consigo llenar por mucho que le eche tierra encima.  A todo esto se le suma un componente biográfico: como es algo que forma parte de mi historia personal y de muchas personas que me rodean, me excita y emociona por todos esos momentos vividos.

E: ¿Qué significa el rap para ti?

L: El rap significa para mí algo que hemos dicho hace poco los Acéfalos en “Supercalifragilistics”: respeto, amor y antagonismo al opresor…siguiendo los pasos de Afrika Bambaataa! 

Esto en términos generales, si tuviera que subrayar los rasgos de esta cultura que me parecen más importantes. Pero si lo pienso en un plano más personal, quizá para mí el rap sea, sobretodo, tres cosas: expresión, intervención y goce. Lo primero, porque escribir te pone de algún modo en relación contigo mismo permitiéndote, a veces, pensar y decir cosas más allá de lo que sueles pensar y decir en contextos cotidianos. Lo segundo, porque me gusta pensar que  las cosas que rapeo puedan causar efectos en la realidad, que provoquen algo. Lo tercero, porque disfruto de fenómenos a lo largo de todo el proceso.

E: ¿De dónde sale la idea de Ludovico y los Acéfalos?

L: No fue exactamente una idea, fue más bien una práctica. Un día me llamó Toño Acéfalo para jamear en el local de unos colegas. Pues bien, el resultado fue Ludovico y los Acéfalos. Yo siempre he pensado que los Acéfalos se organizaron para cazar un rapero y me pusieron la trampa.

Por otro lado, nosotros no hemos inventado nada, se lleva rapeando con banda desde tiempos inmemoriales. Quizá The Roots sea el ejemplo más recurrente, pero hay muchas otras referencias. 

E: ¿Por qué decides dejar de lado las instrumentales grabadas o en mesa y platos y pasar a la batería, la guitarra y demás? 

L: ¡¡Ey, ey, ey, para el carro!! No he decidido, como dices, abandonar las instrumentales digitales por la banda. No ha sido una sustitución. Sigo rapeando sobre bases de Carlito, de Cano, de Cuk y comulgando con la grabación en dos pistas como todo hijo de vecino. Ha sido, más bien, una exploración en un terreno no tan conocido. 

E: Tu rap es ácido y crítico, ¿consideras el rap una herramienta de denuncia y lucha?

L: Por supuesto. Ahí están KRS One, Inmortal Technique, The Coup, Public Enemy, Ded Prez como algunos ejemplos paradigmáticos de rap político. De hecho existe un subgénero, el “conscious rap”, que se ocupa de elaborar discursos de crítica social y antagonismo político. Ya desde sus orígenes en el Bronx el rap fue para la juventud afroamericana una vía desde la que canalizar el descontento, concienciar el orgullo y hacer masa crítica. De hecho me daría mucha pena que se atrofiara ese músculo, esa capacidad de plantar cara y hacer pulso contra cualquier forma de dominación. Me parece de recibo que un MC, como cualquiera que haga uso público de la palabra, la use para hablar del común y describa la situación política, señale al opresor o ponga límites a lo tolerable. Nuestras vidas son productos políticos y se trata de empujar con la palabra los límites de la realidad.

E: ¿Te gustaría vivir de tu música? 

L: No lo tengo nada claro. Además no creo que sea posible. Tampoco sé si es deseable, porque no lo considero un trabajo. Por ahora me vale con que no me suponga mucho gasto.

E: Suele haber muchas críticas hacia los grupos que “se venden” o “hacen de su música un negocio”. ¿Dónde está el punto de consenso o medio en el que tu fuerza productiva sea reconocida, pero no seas “un vendido”? 

L: Con respecto a esto me gustaría recordar que la música se puede considerar como algo que se hace sin pretensión de incorporarla como producto a un mercado. Hoy en día se ha perdido el concepto de músico popular para instaurarse el modelo de músico-empresa.  

Ahora bien, si, como dices, la música puede considerarse también fuerza de trabajo, hablamos de que tu música puede producir y ponerse en intercambio. En este caso, supongo que el punto medio consiste en ganar dinero sin que tu música sea concebida para esta finalidad. La movida es que sabemos que esto  sólo sucede durante un breve periodo de tiempo porque los valores del mercado cambian constantemente. Ahora, si después de que tu música haya tenido algún valor comercial comienzas a componer canciones con el ánimo de agradar a un público-cliente o a tu promotora y seguir así conectado al dinero, entonces te estás vendiendo.  

E: El rap o el hiphop, es una forma de vida para mucha gente pero, casualmente, esta gente suelen ser hombres… ¿Es el rap territorio masculino exclusivamente? ¿Por qué crees que ocurre esto?

L: No tendría por qué serlo. Ahí están Apani B Fly, Foxy Brown, Missy Eliot, Raddigah, Bahamadia, o MC Lyte, tías que rapean como fieras y que desmienten la hipótesis de que no hay chicas MC’s.  Ahora bien, esto no niega que exista una gran desproporción entre chicos y chicas,  desproporción que existe también entre heteros y gays aunque sea quizá menos visible a simple vista. Esto es claramente un reflejo de la sociedad que se manifiesta en el microcosmos del Hip Hop, porque en general la esfera de la vida pública está dominada por los hombre heterosexuales. Ahora bien, creo que el hip hop tiene un agravante debido a que el sujeto-rapper se ha constituido no sólo como hombre y hetero, sino también viril, misógino, homófobo e impenetrable. Esto implica que  si quieres rapear, en principio, tienes que comportarte en mayor o menor medida de esta manera, por lo que las chicas que no deseen virilizarse para rapear, así como el LGTB en su conjunto, quedan fuera del juego. Es normal que una persona pase de frecuentar ambientes  que la excluyen. Mientras “puta” y “marica” sean palabras cotidianas en las letras de este estilo, no creo que nada cambie. Estas actitudes y lenguajes se usan de manera injuriosa, se lanzan al público gratuitamente sin tener en cuenta las sensibilidades de las personas que allí se encuentran sólo porque de este modo se creen más rudos, lo cual es ridículo. Me gusta pensar que es sólo una mala costumbre y que no todos los raperos son misóginos, putófobos y homófobos, pero quién sabe. 

Considero que hay que romper estos esquemas y demostrar que hay otros modos de entender y encarnar la figura del MC. No es que el rap sea un territorio masculino per se, sino que se trata más bien de que los hombres  hetero han territorializado el rap, por lo que sería muy interesante una desterritorialziación del hip hop por parte de las tías  y del LGTB…¿Por qué no?

E: Muchísimas gracias 

L: Gracias a vosotros, majos. Un saLudovico y los Acéfalos comin atcha!

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