Éste sí es el Racing

M. M. R. Redacción.
| 22.09.2011

arielComenzaba el partido con la afición racinguista presa del pesimismo, con gritos contra Pernía desde las gradas, y el maleducado gesto de Cristiano Ronaldo el día anterior a unos aficionados como motivación extra para afrontar el partido. Tras la hecatombre ante el Atlético, se palpaba la desesperanza en los aledaños y el interior del estadio, pero casi dos horas después, toda esa desconfianza se tornó en comunión con el equipo.

Antes del comienzo, Juanjo Cobo realizó el saque de honor y recibió el reconocimiento de la afición cántabra.

La primera media hora del partido se desarrolló con un Racing clásico, mucho más agresivo que en el partido contra el Atlético de Madrid del pasado domingo, presionando y agobiando en todo momento a los futbolistas del Real Madrid, que eran incapaces de trenzar ninguna jugada que acabase con peligro en el área racinguista. En esta labor de presión destacaron Diop y Tziolis, que se impusieron a Lass y Xabi Alonso en todo momento.

En la faceta ofensiva el Racing pudo adelantarse en dos ocasiones, pero sus delanteros Stuani y Ariel -Cúper cambió el dibujo para jugar con dos puntas- mostraron su déficit de velocidad. En el 16' Nahuelpan estuvo lento para definir un taconazo de Stuani, que había prolongado con clase un buen pase del debutante Jairo. En el 38' Varane le recuperaba la ventaja a Stuani, que corría a encarar a Casillas tras un pase filtrado por Diop.

En el último cuarto de hora de la primera mitad el desgaste físico comenzaba a pasar factura, y el Madrid agobió un poco más al Racing cerca de su área, pero sin conseguir hacer ninguna ocasión clara de gol.

La segunda parte comenzaba de forma parecida a la primera, con un Racing presionando y mordiendo en el medio campo al Real Madrid, con Pape Diop y Tziolis como protagonistas, y con un acercamiento peligroso protagonizado por Oscar Serrano, que con un potente tiro desde la frontal, obligó a lucirse a Iker Casillas con una gran parada abajo, enviando a córner.

Pero esta vez la presión en medio campo duro bastante menos que en la primera mitad. Durante la última media hora de partido, los corazones del Sardinero latieron a mil por hora, porque el Racing aguantaba al Madrid en el borde de su área, sin presencia en el campo rival, achicando balones como podía. Mención especial en este apartado para el central lebaniegu Álvaro, que sacó todos los balones que le llegaron sin ningún error. Pese a que el Real Madrid era incapaz de trenzar jugadas de peligro, los córners y faltas cerca de la portería de Toño se sucedían. Pero aún así, gracias al gran trabajo de todo el equipo cántabro, se conseguía llegar al final del partido, tras casi 7 minutos de descuento, con el 0-0 inicial.

Así concluía este partido, con una afición que llegaba resignada, y se marchaba satisfecha por el trabajo, la lucha, y el desgaste de un equipo, que esta vez sí, a base de orden y de raza, consiguió empatar ante este autoproclamado "mejor equipo del mundo", que ha olvidado su histórica parafernalia señorial de la mano del dictador Mourinho, para convertirse en un equipo odiado en la mayoría de los campos.