Alcalde de Bareyo a los ganaderos: "con motivo de la temporada estival, absténganse de abonar"

Diegu S. G.
| 17.08.2014

Ganadería y turismo, dos sectores que proyectados bajo principios de calidad, sostenibilidad, identidad y equilibrio pudieran haberse enriquecido mutuamente, han acabado chocando sin embargo en un modelo de desarrollo cuyo único principio ha sido la búsqueda del lucro cortoplacista de una minoría gobernante y empresarial. De golpe y porrazo, los prados se convirtieron en solares o eucaliptales, los encinares en urbanizaciones de chalets y los callejos en verjas o carreteras urbanizadas donde las vacas esperan minutadas para poder cruzar.

Por los valles cántabros circulan anécdotas indignadas de la familia Botín disfrutando de una fiesta privada en una playa acordonada u ordenando retirar las campanas centenarias de una iglesia por los ruidos que les ocasionaban. También relatos cargados de ironía, como esas papeleras retratando al Ayuntamiento de Noja con el lema "Por unas vacaciones limpias"; o el de aquel paisano que acudió a su prau a reprochar a unos domingueros haberse colado en él pisando el verde sin siquiera haber pedido permiso, y que ante la exigencia de los papeles de propiedad para abandonarlo, dio rienda suelta a la máquina de abonar contra aquellos papardos como prueba irrefutable.

"Se abstengan de verter estiércol de origen agrícola o ganadero"

Bareyo es uno de esos municipios que con la llegada del constitucionalismo español agrupó en el siglo XIX a varios concejos de la Junta de Sieti Villas de forma arbitraria y sin sentido. Como ha ocurrido en prácticamente toda Cantabria, las localidades de Aju, Bareyu y Güemis que administra, han virado su modelo económico desde la tradicional ganadería hacia la construcción y el turismo. Recientemente, según recoge el local Diario Ñero, ha dejado una muestra de cómo la turistificación está arrinconando a los modos de vida tradicionales.

A través de un bando municipal el alcalde de Bareyo, José de la Hoz Lainz (PRC), pone en conocimiento de "los ganaderos del municipio" que, con motivo de "la temporada estival", deben "abstenerse dentro de lo posible" de verter "purines y estiércoles" de origen "agrícola y ganadero" entre las 14 horas del viernes y las 8 horas del lunes desde el 1 de julio y el 31 de agosto, "ambos incluídos".

Se trata a todas luces de una medida destinada a hacer "más agradable" la estancia en el municipio más septentrional de Cantabria a aquellos que lo visitan los fines de semana. En el Diario Ñero no se imaginan al alcalde de Aguilar de Campoo "pidiéndoles a las empresas galleteras que determinados días no se note el olor en la localidad", al tiempo que advierten al alcalde regionalista de que si vienen turistas es por el paisaje, y que "si para tener praos verdes hay que abonar, pues que se abone y huela a ello, que para eso estamos en un pueblo".

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