ADIC señala que el mayor enemigo del turismo en Cantabria es la reforma del POL y el urbanismo salvaje

Diegu S. G.
| 28.10.2013

La Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC) ha manifiestado su indignación por la actitud del PP y el PRC ante el proyecto de reforma del POL tramitado desde el Parlamento de Cantabria, pues en su opinión dicha reforma "supondrá el tiro de gracia a un litoral cántabro prácticamente aniquilado por el ladrillo salvaje".

ADIC recuerda que el modelo socioeconómico de Cantabria en las últimas décadas, con la especulación inmobiliaria y el caos urbanístico como motores fundamentales, ha supuesto un absoluto fracaso desde el punto de vista económico, laboral y de la conservación del patrimonio.

Con este modelo, "impropio" de una sociedad mínimamente formada y sensibilizada, Cantabria reincide en su papel, también en lo urbanístico, de Autonomía “contracorriente” dentro de su contexto geográfico y cultural: la Cordillera Cantábrica, con un patrón de desarrollo "obsoleto y ruinoso", basado en la destrucción salvaje de nuestro litoral y sus referentes arquitectónicos, junto con los valores sociales, culturales e históricos asociados, señalan los cantabristas.

Cantabria es a día de hoy, recuerdan, la única Comunidad del Cantábrico que no conserva ni una sola villa marinera "con un mínimo de dignidad estética"; causa fundamental de que, año tras año, seamos la autonomía con peores cifras turísticas del litoral Cantábrico, tanto en términos absolutos como relativos, también en las áreas costeras. Se impone como factor fundamental a la hora de atraer visitantes a nuestras villas, la conservación y potenciación de la arquitectura histórica y autóctona como valor cultural y turístico. Constatación que llega demasiado tarde para Cantabria.

La Asociación recuerda lo cruel que resulta observar realidades urbanísticas como Luanco, Navia, Cudillero, Tazones, Lekeitio, Pasajes, Getaria, Hondarribia… y hacer la comparación con ejemplos como Isla, Noja, Suances, Mogru, Aju, Cerrías o Castru. Ahí se destapa la falsa vocación turística de los municipios costeros de Cantabria, y sobre todo su verdadera vocación especulativa como fuente fundamental de “riqueza”.

Según ADIC, "llegará un día en que nadie sabrá que Cantabria fue tierra de marineros y pescadores", ante la presencia omnipresente de especuladores sin escrúpulos. El hecho de que nuestros “representantes” reincidan en un sector tan dañino, revela su incapacidad manifiesta a la hora de estructurar con rigor una economía cántabra. Tras décadas de darle la espada a la industria ("base de toda estructura económica seria"), se la sustituyó por un sector especulativo empobrecedor, estéticamente degradante y basado en el enriquecimiento fácil pero caduco. Y de este fenómeno ha sido cómplice la totalidad de la clase política de Cantabria.

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