'Pasiegos. Los valles del silencio'. Una mirada íntima a la cultura pasiega

Patricia Manrique en Diagonal Cantabria
| 01.05.2011

pasiegos valles del silencioLos hermanos Sainz Crespo ofrecen en su documental una mirada sentida del paisaje y el paisanaje del Pas: sus costumbres y tradiciones, y la crisis que amenaza el modo de vida de este pueblo milenario.

“Sólo a través del testimonio se puede preservar del olvido la memoria de un pueblo”, sentencia “Pasiegos, los valles del silencio”. Este documental de los hermanos Sainz Crespo, Carlos e Higinio, retrata las costumbres y tradiciones de la pasieguería y reflexiona sobre el peligro de extinción en que se encuentra esta cultura popular milenaria. “El título tiene un simbolismo”, explica Carlos, “es el silencio con dos significados: el silencio de los valles y el silencio como sinónimo de despoblamiento”. Y es que la crisis ganadera y el éxodo rural minan, año tras año, la posibilidad de relevo generacional y, por ende, de esta cultura.

Rasgos de una identidad

La identidad pasiega puede definirse por la expresión ’lo mío’, ese sentimiento de propiedad, de estar en un territorio y un paisaje que consideran suyo y al que están muy anclados”, afirma Higinio. “Soy pasiego, no lo niego”, dice el canto popular, y así lo repiten varios de los protagonistas del documental. Así, explica Manuel, sentado en su cabaña: “Yo la patria no la niego, he sido pasiego toda la vida, y no tengo ningún pesar de serlo: aquí nací y aquí pienso dejar la tierra”.

La pieza construye su desarrollo narrativo sobre las imágenes y sonidos del Pas y las voces de los propios pasiegos. “La gran duda fue si meter la voz en off y nos dio la clave un amigo que nos dijo ’Escuchadlos bien’” , explica Carlos. Los 53 minutos de duración se estructuran en torno a “capítulos” que recorren la cultura de este pueblo. La cerrada y la cabaña, la vaca, la muda, la siega, la velorta y el cuévano, el salto pasiego y los bolos esbozan, de la mano de las reflexiones de Carpio, José el de Sindo, Rey, Manuel, Consuelo, Paz y Eloy, una cultura que se muestra íntimamente vinculada al paisaje, retratado con sumo cuidado.

Los hermanos Sainz Crespo son cinéfilos desde la infancia. Apasionados ya entonces con las películas que se pasaban en el programa “La Clave”, se declaran influidos por el propio Robert J. Flaherty, Akira Kurosawa o John Ford. “Conocemos bien los valles, y sabíamos perfectamente con qué luz queríamos filmarlos”, explica Higinio.“Buscamos momentos muy especiales. Por ejemplo, la filmación de la tormenta está inspirada en Los hombres de Aran, documental sobre los pescadores de esa zona de Robert J. Flaherty”, completa Carlos.

Claves de la pasieguería

“El silencio es bueno”, dice Carpio, “porque estamos tranquilos”. Y esa es la primera parada de la mirada que los hermanos Sainz Crespo ofrecen del Pas: un silencio denso que recorre los valles, que envuelve su magia y su misterio. Pero, refrendando el simbolismo del título, Manuel, otro de los protagonistas, afirma “hay demasiado silencio” porque “no queda nadie”.

El paisaje pasiego lo componen tierras ganadas al monte. Una de las características de su fisonomía son las “cerradas” –cerramientos de piedra de las parcelas– y las cabañas, construidas también en piedra y carentes de comodidades. Se construyeron con mucho esfuerzo: “La lastra bajó toda de Sopeña”, cuenta Rey, “todo tenía que ser al hombro”. La vaca, el animal ’sagrado’ de las gentes del Pas, es otro de los hitos en el reportaje visual. Pero José el de Sindo destaca que el cuidado del ganado, “es una cosa muy sujeta”. La vida del pasiego lo es de constante trabajo, pero “lo más duro entra en octubre y hasta abril, lloviendo, nevando, y el ganado encuadrado y no tenemos que darle”, dice Carpio, “porque la nieve, todo lo que tiene de blanco, lo tiene de negro”. La muda es una de las tradiciones características pasiegas retratadas, un modo de trashumancia que suponía antaño el desplazamiento de toda la familia de una cabaña a otra, llevando consigo los enseres más imprescindibles hacia otra finca con suficiente pasto para mantener a los animales durante cierto tiempo. Se ha señalado que esto ha marcado la importancia del núcleo familiar, pues al permanecer tan poco tiempo en una residencia fija, se tenía una escasa relación vecinal.

También tiene su apartado la siega, cuyo resultado se lleva al pajar con un utensilio característico pasiego: la velorta. Una vara de avellano de unos tres metros de largo que les permite transportar la hierba seca cargada encima de sus hombros.

Para reunirse en los festejos, tiempo atrás, los mozos y mozas tenían la costumbre de “guciar”. El gucío –jisquíu, relinchíu, jujéu en otra zonas de Cantabria– “es como tirar una voz”, explica Manuel, “y con esas señales quedaban en un sitio para ir juntos”. De la mano de esta voz de vocación social los hermanos Crespo muestran el eco que recorre un paisaje inmenso del Pas, cada vez más solitario.

El papel extraordinariamente importante que desempeña la mujer en el sistema pasiego tiene su propio capítulo. Muchos de los trabajos que en otras culturas son llevados a cabo por los hombres, son aquí realizados por ellas. Paz lo explica con elocuencia: "Había que arreglar las vacas, cargar el burro y llevar la leche a vender. Después llegabas a casa y fregar cacharras, arreglar el ganado y muchos días ayudar al marido a segar", y añade, "además había que fregar a mano, coser, hilar". Es característicamente femenino, además, el trabajo de comercio, que llevan a cabo las “renoveras” y, en otro tiempo, el de criadoras, cuidando a los hijos de gente pudiente y teniendo que dejar a los propios atrás, con tristeza y resignación. Las pasiegas obtuvieron renombre estatal por ello.

La crisis y la extinción del “sistema pasiego”

Tras el repaso a los usos y tradiciones, un fundido en negro y un paisaje otoñal dan paso a los dos últimos capítulos, "La crisis" y "El éxodo". Rey explica, "la juventud hoy con las vacas sólo no vive, como no sea alguno que ha preparado naves de ganadería y tractores y maquinaria para poder trabajar". Y es que la entrada de España en la Unión Europea impuso un mercado agrario muy competitivo, para el cual las familias pasiegas no estaban preparadas. Se establecieron cuotas para vender leche y medidas higiénicas, como el uso de tanques de frío u ordeño mecánico, que hacen casi imposible la actividad a muchos de estos ganaderos En los últimos años, actividades llevadas a cabo durante generaciones, como la muda, han desaparecido casi por completo.

Los jóvenes pasiegos se ven condenados al éxodo, con el que finaliza el documental, pues han de buscar empleo fuera de la comarca. La modernización implica la desaparición de una cultura. Para Manuel, "Según va ahora, la situación no tiene solución". Y José el de Sindo sentencia: "Esto está derrotado totalmente", "va mucho más rápido de lo que yo pensaba... ¡y diendu!” (giro intensificador cántabro que transmite redundancia, al estilo de “ir yendo"). Sin embargo, desde su amor por la cultura pasiega, los hermanos Sainz Crespo se niegan a aceptar la muerte de esta cultura y cierran su documental con la imagen de una puerta abierta a la esperanza.

Extraido de: Diagonal Cantabria nº 24.

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