El carnaval tradicional de Santander

Daniel L. Redacción.
| 14.01.2014

El primer domingo del año se celebraba en Silió la emblemática Vijanera, el primer carnaval del año. Podría parecer que estas costumbres ancestrales y simbólicas, en las que los jóvenes se disfrazan de manera llamativa y reinan la sátira y la subversión (temporal) del orden establecido, se han limitado a las zonas rurales de nuestra tierra. Pero nada más lejos de la realidad, porque el antruidu (denominación que recibe en Cantabria el carnaval) ha tenido también su lugar en la ciudad de Santander.

El carnaval de Santander, entre mediados del siglo XIX y comienzos del XX, tenía como espacio de desarrollo principal toda el área de la ciudad antigua entre la Alameda segunda y Puerto Chico. No obstante, el punto de partida de la fiesta era el Alto de Miranda, donde se juntaban los mamollos para recorrer juntos la ciudad, gastando bromas y alborotando. Estos personajes los encarnaban jóvenes pertenecientes a las clases populares, que salían disfrazados con ropa vieja o felpudos y grandes máscaras tiznadas de hollín. Además de los mamollos, existían multitud de personajes que los acompañaban, algunos que parecen ser específicos de la ciudad como “el Tio del Higuí” (personaje ataviado con una careta de vaca y una caña de la que colgaba un higo que los niños trataban de alcanzar con la boca), mientras que otros como el domador y el oso, los pasiegos, o el hombre de la giba, son similares a los que aparecen en las Vijaneras de los valles del interior de Cantabria.

Los oradores callejeros eran también parte fundamental del antruidu sananderinu. Estos poetas populares recitaban en la calle sus sátiras en verso, no sin antes haber acudido a las redacciones de los periódicos locales a llevar sus composiciones para su publicación. Dentro de los oradores destacaron especialmente Ramón Martínez “Maera” o Antonio Gómez-Iguanzo “el doctor Cambrillón”, que además de publicar y recitar sus versos satíricos, instalaba un puesto en la calle, donde enseñaba diversos artilugios y remedios “milagrosos” para curar males como la “automovilitis” o la “futbolitis”.

La desaparición forzada del carnaval tradicional santanderino. 

A lo largo de todo el siglo XIX se desarrolla una confrontación entre el modelo de carnaval burgués y el modelo popular tradicional. Ya bien entrado el siglo XX, el carnaval popular de Santander, con sus elementos tradicionales característicos, está en proceso de desaparición, pues se ha ido “domesticando” al eliminar sus prácticas más subversivas, que son aquellas relacionadas con la crítica social y la transgresión del orden establecido. A comienzos del siglo XX hay constancia de que los bandos municipales prohibían desde llevar disfraces del sexo contrario a ir con la cara tapada, así como gastar bromas. La policía y el Gobierno Civil se aplicaban en la represión de estas y otras prácticas tradicionales. Los oradores, que siempre tuvieron problemas con la censura al hacer públicas sus composiciones, fueron directamente prohibidos durante la dictadura de Primo de Rivera. 

Así, el carnaval burgués, más estético que subversivo, más foráneo que autóctono, con bailes de máscaras en salones y concursos infantiles al mejor disfraz, terminará por sustituir poco a poco al antruidu tradicional de oradores y mascarones tiznados de hollín. En cualquier caso, ya fuera burgués o popular, el estallido de la guerra de 1936 y la posterior implantación de la dictadura franquista conllevó que toda expresión pública del carnaval fuera prohibida por ley.

[Imagen extraída del monográfico de la revista Ortiga]

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